Las internas abiertas de este año nos vuelven a encontrar sin una alternativa electoral propia. Lo que no significa que las fuerzas de la Nueva Izquierda Anticapitalista estemos en el mismo punto que hace dos y más años.
La exitosa ofensiva del capital logró desarticular, a partir de los setenta, el avance de crecientes sectores del pueblo hacia posiciones revolucionarias. Y logró eliminar físicamente a nuestros mejores cuadros revolucionarios. A esa victoria del capital le siguió un fuerte triunfo simbólico en 1989 con la implosión de la Unión Soviética y la caída del muro del Berlín, en Argentina una andanada privatizadora, ajustadora y flexibilizadora en los `90. Esa fue para nosotros una década de resistencia y reconstrucción. Las elecciones quedaban en manos de las fuerzas del sistema.
Pero en esa misma década nosotrxs también volvimos a tener éxitos. Al abocarnos a la reconstitución de agrupamientos de base con capacidad de enfrentar exitosamente la ofensiva del capital localmente, nos enfrentamos con qué hacer en elecciones en centros de estudiantes, sindicatos, instancias barriales, así como en instituciones estatales como consejos de facultad o los tribunales docentes. La democracia representativa se nos presentaba como una instancia donde también dar la lucha y en el marco de muchos debates así lo hicimos.
Al mismo tiempo este debate se presentaba en los movimientos sociales de países latinoamericanos. Mientras los zapatistas se replegaban, luego de diferencias con el PRD, otros movimientos respaldaban a fuerzas políticas que expresaban, de alguna manera, a las revueltas y organizaciones sociales.
¿Qué hacer con la democracia representativa?
Los núcleos políticos que nos reconocemos parte de la nueva izquierda hemos participado de interesantes discusiones al respecto, desde los ámbitos locales hasta los nacionales. En nuestra perspectiva una guía necesaria ante ella es la búsqueda de construir una democracia de base que pueda ser la auténtica instancia soberana ante la que tengan que subordinarse los representantes. Se trata de una construcción que debemos realizar nosotrxs mismos y no de algo que solamente tengamos que exigir.
Si bien ello es un proceso de construcción permanente, dinámico, con altas y bajas, en la actual correlación de fuerzas hay territorios locales donde hemos podido avanzar en ello. En este marco entendemos que vale la pena apostar a participar también de las instancias de democracia representativa.
Definitivamente tenemos que construir las condiciones para que la democracia representativa sea un problema para el capitalismo y una palanca para la acción transformadora.
Desde el punto de vista nacional no hemos llegado a construir esas condiciones. Habrá que evaluar en qué medida es determinante la falta de desarrollo de la democracia de base y en qué medida lo es cierta inercia noventista en la que las elecciones eran evidentemente algo fuera de nuestro campo de acción.
En relación a la democracia de base, hay que destacar el salto en complejidad que implica pensarla a escala nacional. Es claro que no hay organizaciones de masas en esa escala con democracia de base. Tampoco hay experiencia en consultas, presupuestos participativos, gestiones públicas de empresas estatales y demás formas posibles de democracia participativa. Esto con excepción de casos muy puntuales como lo son el manejo autónomo de movimientos territoriales sobre recursos estatales y consultas a nivel municipal por cuestiones ambientales.
La situación nacional
Hoy el proceso de recomposición de la hegemonía burguesa en nuestro país ha entrado en un cuello de botella. El kirchnerismo usó activamente el margen de acción que la necesidad de esta recomposición le otorgo, para ampliar la acumulación de capital a un conjunto de sectores que se habían visto relegados en el período 1976-2001. Esto incluyó tanto a fracciones de la burguesía poco competitiva industrial y agraria, como también a sectores de la construcción y el comercio. Pero también generó una importante baja del desempleo y una recalificación de la fuerza de trabajo, así como un incremento del gasto social.
La reactivación económica permitió mejorar las condiciones de vida para amplios sectores, sin por ello poner en cuestión las bases del sistema, sino más bien sobre una genuina acumulación del capital y sus leyes.
No obstante, diversos sectores del capital más concentrado, no buscan meramente un funcionamiento estable del sistema, sino más aún, un personal estatal que les responda directamente a su fracción. Pero la razón de ser del kirchnerismo es justamente el papel de representante general del capital y de la población. Y sólo puede sostenerse, e incluso incrementar su papel en la gestión estatal, en la medida en que se prolongue cierta paridad en la correlación de fuerzas global, dentro del país y también a nivel internacional. Esta es una diferencia esencial entre el kirchnerismo y las fuerzas de oposición “por derecha”, que buscan en cambio ligarse directamente a fracciones del capital internacional, aún subordinadamente. El kirchnerismo busca negociar con el imperialismo sin terminar de cederle el control político sobre las condiciones generales de acumulación.
El papel de las PASO y nuestros propios errores
Las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) se presentan para el campo popular bajo un carácter contradictorio, con sus problemas y potencialidades. El principal obstáculo de las PASO es la intromisión, una vez más, del Estado en manejar las reglas de juego de los partidos políticos. Esta iniciativa da cuenta de una correlación de fuerzas desfavorable para alternativas de cambio social.
Pero por otro lado la clausula que es denunciada por proscriptiva por parte de la izquierda, debería ser una oportunidad para poner las barbas en remojo y balancear cuáles han sido y siguen siendo nuestros propios errores. A la luz de las luchas que hemos dado en tanto pueblo trabajador en nuestro país, resulta problemático que las organizaciones de izquierda no lleguemos a expresar a más del 1,5% de la población.
Para sortear las PASO, esta situación ha obligado a matrimonios forzados, lo cual contradictoriamente podemos identificar como un episodio saludable que reduce parcialmente la fragmentación de la izquierda. Al mismo tiempo, millones de personas han podido ver y escuchar spots de la izquierda que, sin ley mediante, hubiera sido imposible. Para proyectar una perspectiva lúcida por el cambio social resulta pertinente aprovechar esta imposición de unidad “por arriba” y los minutos masivos que logramos a través de las propagandas, en el sentido de visibilizar nuestras construcciones y perspectivas políticas.
Oposiciones por izquierda y alternativas
La oposición “por izquierda” al kirchnerismo y su modelo ha visto disminuidas sus fuerzas de centroizquierda. Podríamos decir que quienes tienen ese componente son frentes mixtos en algunos distritos y provincias, como PODEMOS (Buenos Aires), Camino Popular (CABA) y Alternativa Popular (Tucumán) y otros. Luego, con una composición ya netamente anticapitalista, se encuentran AyL, el FIT y el MAS.
¿A qué responde este angostamiento de la centroizquierda?
Los sectores sociales con intereses reformistas se han dividido mayoritariamente entre quienes se encolumnaron dentro del kirchnerismo y quienes se encolumnan dentro de la oposición por derecha. El caso de UP (la fuerza política de De Genaro) es de una vacilación permanente entre esta última opción y la opción de conducir una fuerza reformista en alianza con fuerzas de izquierda amplia como el MST, PCR y Marea Popular entre otras. En tal caso su base social sería también angosta, ya que estaría compuesta por trabajadores estatales y fracciones minoritarias de burguesía débil, de pequeña burguesía y de sectores de menores ingresos y calificación laboral.
Ya en la izquierda netamente anticapitalista vemos dos sectores que venimos creciendo en inserción e influencia: el trotskismo y la nueva izquierda anticapitalista.
En el trotskismo el PO y el PTS vienen creciendo sostenidamente tanto en inserción en la base como en su visibilidad pública. Sin duda el lanzamiento del FIT y el aprovechamiento de los recursos cedidos por el estado a sus candidatos, así como el haberse sostenido hasta hoy, ha resultado en un salto de la visibilidad de la existencia de una izquierda que busca representar a los trabajadores. Por cierto se observa una adaptación de la política en este sentido, con el aspecto negativo de hacer eje en reformas parciales sin subrayar la ligazón de ello con el protagonismo popular y la necesidad de desarrollar organizaciones democráticas de masas que le den cauce en una proyección anticapitalista. Pero esa adaptación ha permitido al mismo tiempo que se vea a esa izquierda como menos ajena (o “extraterrestre” como se le decía peyorativamente). A su vez, el énfasis que pone el FIT en elegir representantes de izquierda en cargos estatales no sólo va en desmedro del llamado al protagonismo popular, sino que además –y en el mismo sentido- el trabajo que hacen en la base los distintos partidos del FIT (cada uno por su lado) es un trabajo más enfocado en la acumulación partidaria que en la construcción de organismos democráticos de masas.
El MAS por su parte refuerza cierto contenido anticapitalista, pero desde una posición francamente marginal y centrando su fuerza en pedir el ingreso al FIT. Esta situación expresa una vez más la fragmentación de las tendencias trotskistas, las cuales podrían apuntar a cierta unidad suavizando sus combates por el programa.
En cuanto a la nueva izquierda anticapitalista, la situación es paradójica.
Por un lado se ve un sostenido crecimiento en la base y también en la capacidad de proyectarse en corrientes sectoriales y en iniciativas políticas de masas. Pero un sector de la nueva izquierda viene distanciándose de una política anticapitalista, a favor de un eje más antineoliberal y limitadamente antiimperialista. Apostamos a que este devenir pueda procesarse en marcos de unidad de acción hacia una orientación anticapitalista que promueva alternativas inmediatas de ese carácter frente por frente con esos tintes. Hay aquí un enorme campo por indagar en la práctica, sea en los derechos laborales, la gestión pública participativa, género, medio ambiente, medios de comunicación, etc.
Por otro lado, en las presentaciones electorales los frentes en los que participan fuerzas de nueva izquierda tienen un carácter más bien reformista. Si bien vemos positivo que se planteen reformas progresivas o “reformas no reformistas”, creemos que sólo un planteo claro de disputa del poder puede enmarcar la lucha por reformas en una orientación realmente transformadora. Más allá de las particularidades de cada experiencia electoral local, este aspecto aparece muy mediado en los casos del Frente Ciudad Nueva (Patria Grande + Unión del Pueblo) en La Plata y más aún en Camino Popular, aunque mucho menos en Ciudad Futura de Rosario (con presencia del FPDS). Tampoco es un eje en el FIT o en el MAS. En tal sentido vemos más progresivo el discurso de AyL, que hace eje en buscar formas de decisión popular.
El norte estratégico de un socialismo desde abajo por el cual peleamos entre en tensión con la normalización institucional a la que lleva la democracia representativa. Por ello, debemos aprovechar estas experiencias electorales de fuerzas cercanas para reflexionar colectivamente cómo y en qué medida puede plantearse una participación electoral de fuerzas populares en un sentido disruptivo y transformador.
En este marco, ante estas primarias abiertas simultaneas y obligatorias, llamamos a apoyar con el voto a algunas de las listas de izquierda anticapitalista que se presentan.
El camino, esperemos, quedará abierto para, como decíamos más arriba, lograr que la democracia representativa sea cada vez más una oportunidad para la acción popular y una piedra en el zapato de la clase dominante. Habrá que buscarle la vuelta, lento pero seguro, porque “no hay revoluciones tempranas, crecen desde el pie”.