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28 de febrero de 2014

Para no retroceder: ¡Hay que avanzar!

Hoja de Coyuntura Febrero 2014.

Desde 2008 el capitalismo se halla en una honda crisis, a la cual las distintas fracciones de la burguesía le buscan la vuelta. Un largo ciclo de acumulación iniciado en los 70 y que pareció consolidarse en los 90 se ve en peligro. La hegemonía yanqui y el modelo neoliberal están declinando, sin que se vea claramente qué modelo capitalista reemplazará a nivel mundial el actual esquema de acumulación y legitimación del capital.

Pero el capital financiero más concentrado, preponderantemente “occidental”, se mantiene al mando y dispuesto a mantener la iniciativa estratégica a cualquier precio. Hoy vemos cómo sostiene una contraofensiva en regiones claves en todo el planeta, como es el caso de Ucrania, Siria, Libia, México, Colombia, Venezuela entre otros, sin contar las bases militares fijas en casi todo el globo. Esas incursiones yanquis buscan revertir la declinación hegemónica o al menos detenerla, al cortar el acceso de sus rivales al abastecimiento de materias primas y mercados de consumo.
Si bien el guerrerismo unilateral del gobierno de Bush fue un fracaso (aunque le dio ventajas puntuales a algunas fracciones del capital yanqui), estaba muy claro ya que el gobierno de Obama mantiene un enorme peso militar, el cual ahora intenta retomar la ofensiva bajo el manto de la OTAN y los golpes suaves de la CIA. En el gran mapa global, cada intervención yanqui tiene su especificidad.

El reciente avance “occidental” en Ucrania intenta sostener un predominio del bloque OTAN frente al avance multilateralista que tiene a China y Rusia como dos pesos pesados y a Irán como un actor central en Medio Oriente y Asia Central (en estos casos los/as trabajadores/as están apenas en la etapa de luchas dispersas y comienzos de su organización independiente). Aquellos tres actores vienen integrándose al mercado mundial, sin renunciar a contar con fuertes estados nacionales para condicionar esa integración. De hecho el bloque otanista está intentando mantener un fuerte control sobre la zona, que le permita contar con energía barata y segura, a la vez que dominar los mercados financieros y desarticular el principal bloque de poder que puede contrapesarlos.

En el caso de Latinoamérica, la década pasada fue negativa para los yanquis, con la crisis del neoliberalismo, el fortalecimiento de movimientos populares, el cambio en muchos de los gobiernos, el rechazo del ALCA, etc. Pero sin duda el bloque del ALBA y el proceso venezolano en particular presentan su preocupación principal. Ahora bien, esto que aparece para los yanquis como un amplio espectro antiimperialista, no es de todas maneras expresión de fuerzas sociales conducidas por los/as propios/as trabajadores/as.

Por ello, la ofensiva conjunta de los yanquis y buena parte de la burguesía local al proceso venezolano debe ser resistida por toda fuerza de izquierda y al mismo tiempo debemos señalar que la lucha contra la burguesía y los funcionarios corruptos y burócratas (boliburguesía) no puede esperar y sólo puede triunfar con la organización independiente de los trabajadores, desarrollando las vastas y diversas experiencias de protagonismo popular que ya existen (consejos comunales, participación obrera, cooperativas, autodefensas populares, etc.).

A su vez este protagonismo popular debe enfocarse en resolver los problemas concretos del capitalismo dependiente que persiste en Venezuela (y Latinoamérica) luego de esta década de redistribución sin cambio sustancial en la estructura económica. Si el Socialismo es una perspectiva viable, la acumulación popular debe materializarse en la capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, (¡por medio de relaciones sociales distintas, por supuesto!).

En este sentido el último discurso de Hugo Chávez (“El golpe de timón”) bajo la consigna “Comuna o nada”, deja planteado un horizonte para los revolucionarios.  A un año de su muerte, cabe decir que en una época donde el Socialismo quedó fuera del imaginario de las masas (y en donde estaba dentro del imaginario quedaba más bien asociado al autoritarismo y la pasividad de las masas) la acción de Chávez ayudó como pocos a reinstalar un Socialismo liberador como una opción viable para los sectores populares

Argentina y una inserción particular en el mercado mundial

La actual crisis y reconfiguración del capitalismo mundial pone sobre el tapete a qué inserción apuesta cada fuerza social. En este momento las fracciones de la burguesía han entrado en “estado deliberativo”. La mesa de enlace, AEA (capital local concentrado) y ABA (bancos privados internacionales) están consolidando un polo de fuerza tras el típico modelo de inserción pasiva al mercado mundial. La UIA y las cámaras de Comercio y de la construcción, junto a ADEBA (bancos de capital nacional), es decir las fracciones más dependientes del mercado interno, están acercando posiciones con el polo anterior, mientras intentan negociar las máximas tajadas posibles al kirchnerismo.

Esta búsqueda de un plan que integre los intereses de las distintas fracciones burguesas, siempre ha sido objeto de duros tironeos. La competitividad internacional del capital productivo en nuestro país está muy asociada a suplir con partes de la renta de la tierra la menor productividad del capital. Toda la política estatal tiene como trasfondo la captura y el uso de esa renta de la tierra. Por supuesto, la no intervención del Estado en el mercado implica que la renta sea tomada y usada a piacere por la burguesía extractiva, agraria, financiera. Mientras que la intervención estatal de esta década ha sido “regulacionista”, como lo afirmó la propia Cristina la semana pasada, es decir no modifica la estructura –dependiente- argentina, sino que se limita a regular la misma (retenciones y aranceles al comercio exterior, sin modificar la propiedad de la producción, del comercio, etc.). Sin la regulación y transferencia corren peligro sectores industriales del país como ser parte de la industria automotriz de Córdoba y electrónica de Tierra del Fuego.

Esta puja interburguesa que predominó esta década, se está agudizando en el marco de la crisis actual, que es una crisis del kirchnerismo y sobre todo del modelo actual. Ante el hecho consumado de que todas las alternativas al kirchnerismo son por derecha y que la relación de fuerzas entre el trabajo y el capital a nivel mundial es favorable a este último, se da por descontado que el recambio al kirchnerismo será por derecha, con un reforzamiento de los aspectos más regresivos que el modelo ya contenía y que hoy el mismo kirchnerismo está remarcando.

Esta situación nos indica que lo más probable en los años que vienen, es este recambio político por derecha, moderando el intervencionismo estatal y sobre todo poniéndolo aún más al servicio del capital. Este curso de acción, no obstante, tiene como tendón de Aquiles una importante dificultad para sostener la gobernabilidad, la legitimidad que le dio al sistema el modelo K. De allí que la represión puede agudizarse, ante la pérdida de hegemonía que puede tener la clase dominante, sin la mediación del kirchnerismo.

Pero un fatalismo que recorte “lo posible” solo a estas dos opciones no es algo del todo realista. En verdad no es algo a lo que estemos predestinados. Así como el fatalismo del “no se puede” de los 90 fue roto, hoy también podemos romper con este fatalismo del mal menor. ¿No hay margen para tomar medidas “por izquierda” (como el mismo kirchnerismo hizo ante Duhalde-Lavagna primero o en el 2009 después)? ¿La relación de fuerzas no da para encarar reformas estructurales progresivas? ¿Los trabajadores no podemos desbordar a las actuales conducciones sindicales y democratizar nuestras organizaciones de masas?

Por supuesto que el realismo es necesario en la vida, pero muchas veces se supone que lo más realista es lo más a la derecha, a priori. ¡Cuántos ejemplos de realismo por izquierda hay en la historia real, que hasta último momento buena parte de la misma izquierda no consideraba posibles!

¿Qué grado y tipo de industrialización puede tener nuestro país en el contexto actual?

A la industrialización especializada en el sector primario que propone el bloque de derecha, basado en libre control de la renta por ese sector, intensificación de la explotación laboral y libre flujo de capitales, el otro bloque burgués le opone una industrialización integrada y protegida por el estado, con un fuerte pacto social entre el trabajo y el capital y redistribución de la renta de la tierra hacia ese sector. La CGT oficialista no sólo busca prebendas del gobierno. También apoya conscientemente este modelo económico, al decir que es un modelo productivo con inclusión social, que prioriza el empleo. Y este sector enfatiza en acordar este esquema con la derecha, sin romper con el bloque orgánico que ella representa. De esta manera esperan continuar con la gobernabilidad de esta década.
En este sentido, la participación de cuadros de la UIA y la CGT Caló en la mesa chica del massismo, intentarían garantizar este camino compensando el descontado avance de las multinacionales y la Mesa de Enlace en la próxima gestión.

Pero sería necio suponer que estos doce años no han modificado la subjetividad de la clase trabajadora. Es difícil saber cuánto convencimiento hay en apoyar algunos de estos dos bloques y cuánta apertura hay para buscar una salida por izquierda. Y es difícil porque estos años han sido de acumulación social y política, con lo cual los conflictos han sido más bien de baja intensidad y no de grandes luchas de masas. Hay elementos para ser optimistas: el movimiento popular ha echado raíces en muchos territorios, la izquierda ha conquistado espacios de conducciones gremiales de diverso tipo, en particular en el mundo sindical. Sin ir más lejos, las luchas ambientales vienen corriendo el límite de lo posible con la unidad por abajo y la audacia para tomar y sostener medidas de acción directa sin aislarse de la sociedad. Triunfos como el del pueblo cordobés de Malvinas contra Monsanto así lo testimonian. En la base se ha desnaturalizado el “no se puede” y el “no te metás”, los despidos y los pequeños autoritarismos ya no pasan así nomás, sin lucha. Incluso la presencia de representantes de la lucha de los/as trabajadores/as tanto en los medios de comunicación (y en los medios alternativos) como a nivel de referencias electorales de izquierda, expresa cierto cambio en la subjetividad que es necesario extender y profundizar. A esto agregamos el sostenido desarrollo de una nueva izquierda con intención revolucionaria y otras lógicas de construcción, más preocupada por romper el aislamiento del movimiento de lucha y obtener victorias en el camino del Poder Popular.

Las paritarias, prueba de fuerza

Entre la devaluación y la inflación, nuestro poder adquisitivo hace dos años que no para de caer. Para este año se prevé alrededor de un 40% de inflación. Es evidente que todo aumento inferior a un 40% en un solo pago retroactivo a enero va a implicar seguir perdiendo la capacidad de compra de nuestros ingresos. A su vez, la precarización laboral sigue reinando en más de la mitad de los trabajadores (desocupados, subocupados, planes sociales, trabajadores en negro, en blanco pero terciarizados, contratados, monotributistas, etc.). Y a ello se le suma una criminalización de la protesta creciente. Si a ello le sumamos que el gobierno se viene negando a realizar reformas estructurales progresivas (nacionalización del comercio exterior y servicios públicos esenciales, impuestos a las grandes propiedades, anulación del IVA a los alimentos, juicio a la deuda externa fraudulenta, etc.) y que la oposición es aún más de derecha, vemos que el panorama es sombrío.
Pero al mismo tiempo, lo marcado arriba no es ajeno al sentido común. Son ideas que circulan en la calle, así como reclamos por izquierda. Incluso el paro policial ha indudablemente movido el avispero presionando las paritarias hacia arriba (si bien es muy grave cómo quedaron casi sin condena las acciones mafiosas de buena parte de los policías y sus redes del delito). Si a ello le sumamos la disputa por arriba entre las fuerzas burguesas (y obreras que van a remolque de una u otra de ellas) y que las fuerzas de izquierda están hoy –si bien fragmentadas- más insertas y operantes, llegamos a la conclusión que debemos elevar la audacia de nuestras intervenciones, sin caer en un posibilismo a priori. Pensamos por lo tanto que la vasta militancia de la que formamos parte puede empujar a cerrar las paritarias por encima de lo que están pergeñando los gobiernos nacional y provinciales.

Si bien la relación de fuerzas en este momento, como señalamos, nos es desfavorable, la lucha y la organización dadas inteligentemente pueden generar no solo mejoras reivindicativas impensadas, sino también una mejora de esa misma relación de fuerzas a favor de nuestra clase. Este es un momento para tensar las fuerzas y poner en movimiento todo lo acumulado. Es claro que el gobierno se ha quedado con poco discurso para aislar nuestras luchas, y la oposición tampoco saldrá a pegarnos demasiado en principio. Ahora la pelota está en nuestros pies y debemos funcionar como un equipo amplio y bien coordinado. Es el momento para apostar a dar una lucha de masas, para lo cual es indispensable tanto la identificación de reivindicaciones sentidas por las bases, como una creciente politización del movimiento de lucha.

Deberemos enfrentar las posiciones políticas del gobierno, las patronales y las conducciones sindicales, con reivindicaciones claras y alternativas de concreción de las mismas, vistas como viables por los compañeros y las compañeras. Las medidas progresivas que enumeramos más arriba pueden ser mostradas como viables y como fuente suficiente para el aumento paritario. A su vez el reclamo de Basta de precarización, Todos en blanco a planta permanente, es un reclamo que no puede ser contestado con la escasez presupuestaria, sino que claramente hace a qué relaciones de poder se construyen en cada ámbito. Por lo tanto si la lucha crece y se tensa mucho en la cuestión de “la espiral inflacionaria”, el blanqueo masivo puede ser una consigna que penetre y pueda ser conquistada en muchos lugares, así como el control popular de los precios, y una ley de abastecimiento.

Habrá que impulsar desde las bases esta política, poner en cuestión las posiciones de nuestras conducciones sindicales (como el caso de la celeste en CTERA) pues representan a la visión de una parte importante de los compañeros y las compañeras (que incluso pueden estar más cerca nuestro en lo reivindicativo, sin terminar de romper con la visión policlasista y estatalista de esas conducciones y del kirchnerismo) y cuentan con fuertes recursos institucionales que no superaremos de un solo golpe. Tirar de la cuerda que tejen entre ellas y los gobiernos nacional y provinciales para levantar las paritarias, requerirá justamente tirar, más que cortar la cuerda y armar otra de cero.

En definitiva, aún estamos en una etapa de acumulación de fuerzas, pero en el marco de la crisis actual hay que golpear y organizar para acumular. ¡Nos esperan por delante al menos tres años de ajuste y caída económica! Necesitamos mayor audacia, sin dejar de medir siempre la relación de fuerzas en cada lucha.

¡A luchar y crear! Que sólo en pueblo en lucha marca su camino.

Febrero 2014
Organización Política La Caldera
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