Hoja de Coyuntura, Marzo 2015, Parte I. En el marco del panorama confuso suscitado por la muerte del fiscal Nisman, en menos de quince días volvieron a darse dos movilizaciones de masas en nuestro país. Una, del núcleo concentrado del poder histórico en Argentina, intentando poner a la defensiva al gobierno. Otra del kirchnerismo, que reafirmó su presencia política, anunciando su continuidad post elecciones presidenciales.
La marcha del 18-F constituyó un cúmulo de “gente grande, bien vestida”, con rostros adustos, encabezadas por “los fiscales de la República” exigiendo justicia, verdad, denunciando encubrimiento. Lo irónico acá fue que quienes encabezaron la marcha son los mismos integrantes de una red de poder estrecha entre jueces, fiscales, servicios de inteligencia (internos y también de la CIA), fuerzas represivas, grandes grupos mediáticos. Esta red de poder es parte de una fuerza social conducida por el capital occidental más concentrado que, como la Mesa de Enlace en el 2008, logró en el 18-F acaudillar a sectores importantes de la clase media. Al formular un reclamo universal (verdad, justicia), intenta posicionarse mejor en la correlación de fuerzas nacional como fracción específica de la clase capitalista.
Por su parte, el kirchnerismo viene de una convivencia de larga data con este poder, al cual no obedece directamente pero tampoco combate. Ese núcleo se benefició tras bambalinas de la relegitimación del orden social encabezada por la actual fuerza gobernante, luego de la crisis del 2001, aceptando en ese contexto ceder algo de su poder a los espacios electivos dentro del Estado.
Sin embargo, con la consolidación de la legitimidad estatal, empezó a crecer la pugna entre estos dos sectores, signada por el intento del kirchnerismo de empezar a colonizar esas estructuras profundas del Estado (designando fiscales, jueces, agentes de inteligencia), y por la resistencia activa de estos sectores del Poder Judicial y los Servicios (a través de denuncias a funcionarios y empresarios ligados al kirchnerismo, de fallos judiciales que impiden la aplicación de leyes y decretos aprobados por el gobierno, etc.).
Esta batalla tiene como trasfondo la estructura socio-económica de nuestro país y la relación de fuerzas internacional. De cara a las elecciones de este año, es la figura de Mauricio Macri la que ha logrado posicionarse como candidato presidencial para que esta fuerza social opositora al kirchnerismo recupere todos los resortes del Estado. Sin embargo, como vimos el 1-M, la lucha interburguesa sigue abierta.
Ambas marchas comparten algo esencial: ninguna de las dos propone una ruptura con el capitalismo como alternativa para una emancipación real de nuestra clase, aunque apunten a consolidar fuerzas sociales con distinta composición y distintos modelos de acumulación capitalista. Si bien esa batalla intercapitalista se ubica en el centro de la escena, a la vez existe la construcción cotidiana de una fuerza social anticapitalista en germen, sostenida en el desarrollo de confrontaciones contra el capital en todos los terrenos, asentada en relaciones de solidaridad y conciencia de clase. Esta constatación, evidente a partir de las luchas que emergieron en los últimos años, nos indica que no es cierto que “a la izquierda del kirchnerismo esté la pared”. Entre las tendencias que confluimos en este movimiento, quienes más se han fortalecido son las corrientes del FIT, especialmente a partir de su salto electoral, lo que indica que los sectores populares se hallan más receptivos a los planteos de izquierda, pero aún no los asumen protagónicamente.
La subordinación de Argentina al capital internacional
Hace tiempo venimos señalando que la hegemonía neoliberal yanqui está en crisis y al mismo tiempo EEUU sigue siendo la potencia dominante. El mayor dinamismo de la acumulación de capital en Oriente está regenerando una reconfiguración del mapa mundial que da un importante margen de maniobra a las fuerzas burguesas “nacional/populares”, al permitirles negociar a varias puntas el tipo de acumulación de capital a desarrollar y los grados de asociación “subordinada” a diversas fracciones de capital.
Hace apenas un año, el gobierno se jugó entero a hacer buena letra con el capital occidental (pagos al Club de París, Repsol, CIADI) recibiendo a cambio ausencia de inversiones de las transnacionales y la defensa de la Corte Suprema yanqui a los buitres. Al acordar con China, el gobierno accede a liquidez en divisas e inversiones inmediatas, a cambio de reprimarizar el país. De esta manera la apuesta a una integración productiva y energética en gran escala con el resto del Mercosur va quedando en la nada. Seguimos así en la típica asociación subordinada al capital extranjero.
La crisis en Europa y sus emergentes políticos
El “sur europeo” viene siendo el más afectado por la crisis internacional. La desintegración del Estado de Bienestar impulsada por las políticas de austeridad, pone en una situación dramática a los pueblos de Europa y corroe la hegemonía de la burguesía europea sobre la clase trabajadora. Esto dio origen a movimientos sociales que en Grecia y en España particularmente se tradujeron en corrientes políticas que lograron posicionarse electoralmente: Syriza y Podemos.
Las masas populares que no veían salida, vislumbraron una luz y un camino. La idea de que pueden conquistarse reformas sustanciales meramente por la vía electoral ha sido refutada por la experiencia histórica, y nos alerta sobre un potencial proceso de socialdemocratización de estas fuerzas políticas. Los límites inherentes a la sociedad capitalista y el Estado burgués son reforzados en Europa por la constitución neoliberal de la Unión Europea, con órganos más allá del alcance de los gobiernos nacionales y el parlamento europeo. A su vez, no hay un suficiente desarrollo de la movilización de masas que pueda contrarrestar eso y servir de apoyo a los gobiernos de izquierda.
En este marco, el triunfo electoral de Syriza es un avance parcial que puede potenciar nuevas vías de acción sobre la sociedad por medio del Estado. Pero ello depende de que haya una disposición de la fuerza en el gobierno y de los sectores populares en general a poner en cuestión el poder establecido, las reglas de la democracia burguesa, de la Unión Europea y del capitalismo en general. No se trata por cierto de intentar abolir el capitalismo “en un día”, pero sí de iniciar un proceso de ruptura a través de medidas transicionales. La intransigencia de la Unión Europea hace cada vez más evidente que incluso la más mínima medida del programa de Syriza para paliar la crisis plantea la necesidad de romper con el euro y declarar un default de la deuda externa. Eso conducirá a la necesidad de imponer cada vez más controles sobre el capital (freno a las privatizaciones, estatizaciones de bancos, etc.), lo cual servirá para incentivar la movilización de la clase trabajadora griega, democratizar las instituciones del Estado y desarrollar un movimiento que cuestione la lógica mercantil y capitalista en todos los terrenos. La consolidación de la izquierda al interior de Syriza, que cuestiona la estrategia de la dirección de implementar reformas en el marco de los acuerdos con el Eurogrupo, y la existencia de otras corrientes de izquierda por fuera de Syriza con inserción en el movimiento obrero y el activismo popular, es prometedora en ese sentido.
En el caso del Podemos español, la corriente de izquierda anticapitalista a su interior está dando una lucha similar a la del ala izquierda de Syriza, aunque por el momento con resultados moderados. Las recientes declaraciones de importantes referentes de Podemos cuestionando al gobierno de Venezuela por detener a un alcalde opositor acusado de pergeñar un plan golpista, y afirmando que España no debería perdonar la deuda griega, ha desencantado a más de un defensor acrítico de la dirección de este movimiento.
Desde abajo
La situación internacional no sólo facilita la emergencia de fuerzas nacional-populares. En el Kurdistán sirio hemos visto la emergencia de una alternativa popular con independencia de clase, ecosocialista y antipatriarcal, en el marco de una conjunción muy compleja de factores, como la presencia de una fuerza revolucionaria con gran arraigo popular y sostenido trabajo de base, instituciones populares independientes, una guerra civil y el subsecuente colapso del aparato estatal.
En Venezuela los consejos comunales, comunas, autogestión productiva, medios alternativos de comunicación, etc., expresan una disputa concreta de la institucionalidad estatal, aunque con una notoria debilidad de las fuerzas políticas de orientación socialista que lejos están de dirigir el proceso. En el otro extremo vemos en México que el movimiento popular aparece como totalmente ajeno al Estado, pero asumiendo funciones estatales como la seguridad, a través de las policías comunitarias de base obrera-campesina y las autodefensas impulsadas por la pequeña y mediana burguesía rural.
Creemos que en todos estos casos está abierta la posibilidad de que el protagonismo popular se sostenga en el tiempo y tome un cauce revolucionario, disputando el poder e incluso construyendo un formato de Estado superior de tipo comunal.
Organización Política La Caldera
Marzo 2015
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