La experiencia de autonomía comunal en Kurdistán se encuentra en este momento en un período de consolidación y estabilización. Esto significa que los puntos más atrayentes y novedosos de esta experiencia revolucionaria están en mejores condiciones para influir positivamente en el desarrollo de las organizaciones revolucionarias a nivel mundial.
La conformación interna del PKK, que tiene en todos los estamentos de dirección del partido –y de los comandos guerrilleros– una composición mixta igualitaria entre hombres y mujeres, es apenas uno de los aspectos en donde se cristaliza la jerarquización de la lucha antipatriarcal dentro de la organización. De alguna forma, esta experiencia fue retomada, al menos en lo formal, por el PSUV venezolano, en las elecciones internas celebradas el mes pasado, en las cuáles por primera vez en la historia se eligieron precandidatxs con el requisito de que al menos el 50% debían ser mujeres, porcentaje que en el resultado final se elevó al 60%.
Por otro lado, las discusiones sobre los derechos sexuales de las mujeres alcanzaron una declaración firmada por legisladores de 50 países del mundo, en el marco de la Conferencia Internacional de Parlamentarios, que organiza el Foro Parlamentario Europeo unos meses antes del G-7, que tiene la intención de presionar a los líderes mundiales a tomar políticas de salud reproductiva. La declaración brega por la despenalización del aborto, los métodos anticonceptivos accesibles y la puesta en marcha de programas de educación sexual en todas las escuelas.
Si bien estos compromisos internacionales reflejan muchas de las más importantes banderas del feminismo no hay que perder de vista el proceso de cooptación de estas reivindicaciones como parte de la estrategia de control de las luchas sociales, finalidad histórica de los organismos internacionales, convenciones, pactos, etc. La institucionalización del movimiento feminista desde mediados de los '80 hasta ahora (desde el trabajo territorial en ONG's, captación de técnicas y expertas para el trabajo de políticas públicas y la producción intelectual subsidiada por fondos internacionales, hasta la creación de áreas específicas en el Estado, universidades, etc), pone en manifiesto las maniobras del capitalismo para actualizar el dominio sobre las mujeres, identidades lgtttbi y los sectores oprimidos.
Lo mismo ocurre con la Iglesia Católica, que ahora se limpia la cara con “gestos austeros y progresistas”, mientras que en la visita a Filipinas, el Papa Francisco llama a defender a la familia “para decir no a cualquier intento de colonización ideológica” en referencia al matrimonio entre personas del mismo sexo. La careta se le empieza a caer a Bergoglio cuando niega, desde enero de este año, la admisión de un embajador francés en el Vaticano por ser gay.
En ese sentido, la escritora y activista feminista Silvia Federici señala que “lo público no es lo común, lo público es una forma de privatización en la que el propietario es el Estado”. Por eso, cuando los derechos sexuales se limitan a la planificación reproductiva, por ejemplo, le sirve más al Estado y al Gobierno de turno que, respondiendo a las necesidades del capital, utiliza las reivindicaciones feministas para maximizar la explotación de la fuerza de trabajo y su relación con el capital. En momentos de crisis, el capitalismo propone un trabajo mayormente precario, intensificando la explotación de la fuerza de trabajo. Y el patriarcado le garantiza ganancias con el trabajo femenino: por un lado, abaratando el “costo laboral” empleando mujeres y personas lgtttbi con bajos salarios y, por el otro, manteniendo el trabajo doméstico sin remunerar, invisible y restrictivo por género.
Ahora bien, también el panorama a nivel latinoamericano muestra las enormes limitaciones no ya de los gobiernos de perfil neoliberal, si no de los gobiernos “progresistas”, los mismos que celebran al Papa argentino. El ejemplo más claro es Ecuador, cuyo presidente Rafael Correa acaba de eliminar la Estrategia Nacional de Planificación Familiar y Prevención del Embarazo Adolescente (Enipla), que posibilitaba la distribución gratuita de métodos anticonceptivos entre los y las jóvenes (incluida la pastilla del día después y una línea telefónica gratuita); para reemplazarlo por el Plan Nacional de Fortalecimiento de la Familia, dirigido por una allegada al Opus Dei.
En Argentina, la cercanía de las elecciones presidenciales obligan al Gobierno nacional a manifestar gestos esperanzadores dedicados a los sectores que esperan el sostenimiento de medidas por izquierda, como forma de contener posibles desprendimientos de sectores del movimiento feminista y lgttbi, que podrían desilusionarse ante la dura realidad: el kirchnerismo va a terminar su mandato sin impulsar la legalización del aborto, con enormes dificultades para garantizar los derechos en el marco de los casos de abortos no punibles, con políticas de Estado absolutamente desfinanciadas en materia de derechos de las mujeres y lgtttbi, y débil también para combatir frontalmente a la Justicia, que en todos sus fallos expresa su matriz patriarcal ante los casos de femicidios y delitos de odio por género.
En ese juego del péndulo (de gestos por izquierda y políticas por derecha) se inscriben las declaraciones del nuevo Ministro de Salud, Daniel Gollan, alineado con La Cámpora, cuando dijo que su gestión propiciaría "un debate maduro con todos los sectores de la sociedad" con respecto al aborto; y horas después fue “desautorizado” rotundamente por el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, quien aseguró que ese tema no estaba en la agenda del Gobierno.
En este marco, un reciente informe de las economistas Mercedes D’Alessandro y Magalí Brosio analizó el panorama salarial de las mujeres en la Argentina y concluyeron que a pesar de las políticas de empleo implementadas en la última década, “la brecha salarial ha disminuido relativamente poco desde 2003 hasta la actualidad para el empleo registrado y aumentó para el empleo no registrado, en donde el porcentaje de mujeres en esas condiciones es mayor inclusive que el de varones”. Algo similar sucede si nos enfocamos en lxs trabajadorxs con estudios secundarios incompletos. Dentro de este segmento -que ya se caracteriza por salarios bajos-, las mujeres reciben en promedio remuneraciones 47% menores que sus pares varones, indican.
Teniendo en cuenta estos datos, se nos impone la tarea de prepararnos para enfrentar el ajuste que se avecina pos-elecciones, entendiendo que el sector de la clase más golpeado seguirá siendo el de las mujeres y personas lgtttbi. Será cuestión de poner este debate en primer lugar y fomentar articulaciones en la calle levantando bien alto este 1ro de Mayo las banderas de la unidad.
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PARTE I: http://www.lacalderaop.com.ar/2015/04/elecciones-y-lucha-de-clases.html
