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30 de abril de 2015

Elecciones y lucha de clases.


Hoja de Coyuntura, Mayo 2015, Parte I. Se avecina un recambio de los cargos ejecutivos, que se limitará nuevamente a intercambiar posiciones entre fuerzas del sistema. Aún sin romper esa polarización, un dato novedoso es la visibilización de masas de una alternativa independiente de los partidos burgueses: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).





Luego de doce años podemos decir que un ciclo político se está completando en nuestro país. El kirchnerismo recompuso la gobernabilidad burguesa en crisis, sosteniendo condiciones favorables para la acumulación sin revertir la estructura dependiente del capitalismo argentino.

A pesar de esta defensa de aspectos centrales del sistema (como la misma Cristina se encarga de enfatizar en sus discursos) la oposición más dura se dio por derecha, por parte de un bloque burgués que rechaza aún las mínimas demostraciones de autonomía por parte del gobierno respecto a algunos bloques burgueses. En contraste, observamos la ausencia de un sólido reformismo obrero y/o social. Las corrientes anticapitalistas, por nuestra parte, si bien hemos perdido el fugaz protagonismo de masas de la crisis del 2001-2002, sí hemos aportado a sostener un sedimento o un piso consolidado de organización y consciencia de clase muy superior al del período 1976-2000.

La emergencia en el plano electoral de una expresión de izquierda anticapitalista como el FIT es una oportunidad para proyectar ese crecimiento hacia una política de masas en la que éstas sean por fin protagonistas de la historia. Este salto histórico supone en el largo plazo que las tendencias de izquierda no sean meros representantes populares en el Estado, sino que las masas conquisten la capacidad de ejercer el poder por sí mismas, bajo su propia institucionalidad. Si bien este salto no es inminente, ni mucho menos, sí es clave poner esta perspectiva en nuestros debates actuales, pues es la única forma de poder valorar si la lucha electoral del FIT –y la acción que nos demos como nueva izquierda revolucionaria al respecto- acumula o no en esta perspectiva de clase.

Una polarización electoral que no saca los pies del plato del capitalismo dependiente.

En las elecciones de este 2015 se está dando el ascenso nacional del PRO como principal polo opositor al kirchnerismo. Si bien tienen importantes diferencias entre sí, en una mirada de mediano plazo vemos que vienen compartiendo cuestiones sistémicas esenciales.

En esta década se dio un elevado precio de los bienes primarios que exporta nuestro país y un aumento de la explotación laboral vía aumento de productividad superior al salario real. De allí se explica que los capitalistas en general se la han “llevado en pala”. La burguesía agroexportadora, la minera, la energética, la banca, la industria… Más de cien mil millones de dólares en pago de (la ilegítima) deuda externa, otro tanto en fuga de capitales, y en contraste moderadas cuotas de reinversión productiva, recalificación de nuestra fuerza de trabajo y aumento del empleo (precarizado).

La capacidad del kirchnerismo para intervenir en la distribución de esa inmensa riqueza (y con la que construyó su propio poder) fue de la mano del restablecimiento de la gobernabilidad, de la legitimidad social de las instituciones del sistema.

De esta forma pudo mediar “exitosamente” en el tira y afloje de las conducciones sindicales con los empresarios, controlando la autoactividad obrera; al tiempo que desplegó a su vez políticas públicas que ofrecieron un piso básico de ingreso para las fracciones estructuralmente más empobrecidas de la clase trabajadora.

Pero la mejora de algunos indicadores sociales fue sólo pasajera. La fuga de capitales y la renuencia de la burguesía industrial a reinvertir sus ganancias; el límite puesto por el bloque burgués agrofinanciero a las retenciones; el apriete de los fondos buitres; y el descenso del precio de los bienes exportables, han sido cuatro impedimentos que se acumularon para hacer inviable siquiera la continuidad del modelo neodesarrollista-extractivista y el mantenimiento de aquellas mejoras parciales  que se han demostrado  sin bases firmes.

¿Qué diferencia marca el PRO a todo ésto? Es cierto que han denunciado casi toda medida progresiva del gobierno, desde un renovado liberalismo económico y conservadorismo político. Pero en la política concreta, el pacto con el kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires muestra una connivencia explícita entre ambos. En los trazos más estructurales señalados, es probable que en lo nacional el PRO simplemente enfatizara el perfil extractivista y el núcleo de los sectores estratégicos que continúan en manos privadas, así como la subordinación estatal más neta al núcleo de poder histórico en nuestro país.

El Estado en disputa.

El Estado concentra y despliega su fuerza material y simbólica para reproducir la base del sistema y, al mismo tiempo, darle a éste una forma concreta, un modelo capitalista particular entre varios posibles.

En este marco existe una aguda disputa entre distintas fuerzas burguesas por el Estado, cuya expresión más evidente es el caso Nisman-Stiuso. La burguesía concentrada parece haber traspasado en gran medida su confianza a un revanchismo neoliberal representado por Macri. El kirchnerismo aparece debilitado, con apoyo de sectores burgueses marginales, sin fuerza propia alternativa y con un programa que representa un ajuste “suavizado”, en la candidatura de Scioli. Por supuesto, ambas fuerzas pueden desarrollar lógicas de coexistencia en el Estado, siguiendo la experiencia de negociación en la ciudad de Buenos Aires; no obstante, el dato dominante parece ser la polarización entre las diferentes alternativas burguesas, lo que representa un enorme desafío político para la izquierda.

Las posiciones políticas en la clase trabajadora.

A pesar de la crisis económica y un deterioro de su capacidad de seguir otorgando concesiones, una parte importante de lxs trabajadorxs votará a lxs candidatxs del kirchnerismo, aunque sin muchas expectativas. El tenso tironeo redistributivo en torno a la renta agraria y el impuesto al salario, es el eje del poder de conciliación de clases que promueve el gobierno, dando un piso de ganancias a los capitales menos competitivos y sosteniendo por esa vía el empleo, así como el gasto social. Aún con un repudio creciente al impuesto al salario, esta polìtica no deja de tener atracción sobre sectores de trabajadorxs como un supuesto mal menor frente a la derecha. Este panorama se ve reforzado por una situación mundial que tiende a un multilateralismo interimperialista, lo que le permite a la fuerza conducida por el kirchnerismo negociar a varias bandas por arriba. El fracaso de algunas negociaciones claves con el capital occidental, como en el caso de los buitres, lleva al gobierno a apoyarse crecientemente en acuerdos financieros con el tándem del imperialismo ruso y chino, criticadas hipócritamente como entreguistas por sectores capitalistas vinculados al imperialismo yanqui. A su vez, la crisis de la integración regional vía Mercosur y/o ALBA recorta la opción del capitalismo autónomo regional que defiende discursivamente, en ocasiones, el gobierno, reforzando como únicas alternativas de la burguesía la sumisión a uno u otro bloque.

Por su parte, el bloque cacerolero y agrarista forjado desde 2008 incluye parte de la burguesía que controla sectores competitivos –vía control de la renta de la tierra- conducciones sindicales burocráticas, pasando por amplias capas de la pequeño burguesía históricamente ligadas a esa inserción en el mercado mundial. A este sector se le presenta la conciliación de clases como un derroche a favor de sectores improductivos, representado en los planes sociales, los servicios públicos gratuitos y la industria mercado-internista. Las causas de la adhesión que consiguen algunos candidatxs de la derecha entre sectores de trabajadorxs (como reflejan las últimas elecciones en CABA, donde lxs candidatxs de la derecha del PRO y Lousteau concentraron el 70% del voto, de los cuales sin dudas una buena cantidad viene de nuestra clase) debería ser un motivo de preocupación y estudio para la izquierda. Sin dudas el desgaste del kirchnerismo, y la cuestión del impuesto a las ganancias, influyen en este apoyo; pero este refleja a su vez la debilidad arrastrada de la izquierda para romper las polarizaciones, en particular en el momento electoral.

Es evidente que en ambas fuerzas sociales lxs trabajadorxs siguen a diversas fracciones burguesas y carecen de determinación y poder propias, sea en los lugares de trabajo y de reproducción de la vida, sea en la conducción general del proyecto político. Y como ya dijimos, ambas fuerzas se limitan a moverse dentro de la estructura del capitalismo dependiente heredado.

La realidad de lxs trabajadorxs y las tareas de la izquierda

La emergencia del FIT abre oportunidades para expresar una política independiente ante esta polarización entre las fuerzas burguesas. En ese marco, existe un debate sobre el carácter del frente y su posible apertura. Una crítica común al FIT es que no expresa una unidad política por abajo, sino un limitado acuerdo electoral entre partidos. En ese marco se han  hecho distintos planteos (sobre todo después de sus primeros resultados electorales) para hacer del mismo una herramienta de confluencia política estratégica, e incluso propuestas de distintos sectores dentro y fuera del FIT para avanzar hacia un Partido de los Trabajadores común que no han cuajado. Esta perspectiva aparece irreal no sólo por la permanente tendencia al internismo sectario que despliegan las fuerzas que actualmente lo componen, sino porque la lucha de clases no pone a la orden del día un reagrupamiento de este calibre, en el marco de una situación donde la clase se encuentra, en el cuadro general de situación, en una fase de acumulación y reagrupamiento.

La ampliación –aunque muy limitada- de las listas del FIT en CABA, integrando algunos pocos sectores del tronco histórico de la Nueva Izquierda, presenta un punto de apoyo sobre el cual generar un Polo Anticapitalista de reagrupamiento entre numerosas fuerzas de nuestra tradición, que en el caso hacerse un lugar como otra pata del FIT abriría la posibilidad de una mayor capacidad de interpelación y arraigo popular, una mayor vida interna e incluso de una revitalización anticapitalista del frente.  Más aún, esa ampliación del FIT debiera darse hacia todos los sectores clasistas y combativos que acuerden con un programa de independencia de clase, superando el internismo para intentar replicar cada vez más la unidad electoral y de perspectiva política general en el ámbito de la lucha callejera y la resistencia al ajuste.

Pero esta perspectiva implica también precisar los aportes que nuestro sector político puede hacer al debate programático y el perfil de intervención político-electoral de esa herramienta, dando mayor centralidad a la necesidad de la autoorganización desde las bases para avanzar en la conquista de nuestras reivindicaciones. Para ello las diversas organizaciones de la Nueva Izquierda Anticapitalista debemos, más que reclamarlo al FIT, sobre todo ponernos como actores constructivos que afrontemos la política de masas en las condiciones que nos marca este período. Esto es, politizar las organizaciones de base tanto en la construcción del poder local como en la mirada político general, hoy mediada en parte por la lucha electoral.

En relación con el internismo del FIT, en lo sindical venimos lidiando con que cada partido del mismo sostiene iniciativas y espacios paralelos de coordinación obrera, como el Plenario del SUTNA  - impulsado por el PO - el Encuentro Sindical Combativo (ESC) - impulsado por IS- e iniciativas particulares del PTS donde tiene fuerza. Ahora de avanzar un acuerdo electoral con el movimiento del perro Santillán, se allanaría la perspectiva de un Encuentro Obrero superador, que pueda unir a estas diversas fuerzas, encausando las fuerzas clasistas y combativas, para poder tomar la iniciativa desde abajo y empezar a torcer la relación de fuerzas en favor de la clase trabajadora. Como vemos, la mediación electoral y aún la subordinación a ella es algo que no opera sólo en las masas, sino más aún en muchas de las mismas fuerzas de izquierda.

Nos convocamos por lo tanto como Nueva Izquierda Anticapitalista a trabajar conscientemente por la perspectiva de la apertura y superación del FIT. Para ello la crítica a sus tendencias más sectarias deberá tener como contracara el desarrollo de nuestra capacidad constructiva en todos los terrenos de lucha. Y, en la perspectiva de fortalecer la referencia de la independencia de clase en el terreno electoral de masas, llamamos a votar las listas del FIT en todo el país.
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PARTE II: http://www.lacalderaop.com.ar/2015/04/cambio-de-gobierno-y-lucha.html

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