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6 de agosto de 2015

GRECIA: La capitulación del gobierno de Syriza.


Hoja de Coyuntura Internacional, Agosto de 2015. Parte I.


El dato político del momento está marcado por el “acuerdo” – que se acerca más bien a una rendición incondicional - del gobierno de Syriza con sus acreedores europeos. En hojas de coyuntura anteriores, habíamos destacado que la vía emprendida por la fracción mayoritaria de Syriza implicaba la apuesta a una salida reformista que, a través de la negociación, pudiera evitar los peores aspectos de la austeridad manteniéndose en el marco de la Eurozona y la UE. A la luz de la situación objetiva, esta vía resultaba utópica, dado el escaso margen de las élites europeas para entregar concesiones, embarcadas en una política de austeridad permanente. 

Así, sólo podía producirse o una capitulación del gobierno, que se transformara en el gestor de un nuevo plan de ajuste, o un escenario de ruptura con el Euro que abriera una perspectiva transicional, a partir de medidas que se harían inevitables como la nacionalización del sistema bancario, entre otras. Lo que se ha producido es netamente una capitulación, cuyo fondo conviene analizar para extraer algunas conclusiones políticas.


La primera alerta a este respecto surgió con la formación de un gobierno de coalición con ANEL, un partido de derechas vinculado a la burguesía naviera griega. Inmediatamente se dio el acuerdo de febrero con la Troika, que prorrogó la llegada del último tramo del plan de rescate de 2012. Esto abrió un impasse de meses, donde se negoció un acuerdo con los acreedores bajo amenaza de una bancarrota total del Estado. 
La estrategia reformista de Tsipras fue un callejón sin salida. Desde un primer momento, se presentó ante los acreedores aseverando que no tenía un plan B, que no había alternativa a continuar en la Eurozona. A la par cumplió sistemáticamente con los pagos de deuda, llegando al momento crucial de la negociación con un Estado totalmente desfinanciado. Estas fueron las garantías a los acreedores de una segura capitulación del gobierno frente a sus imposiciones. 

Presionado por la Troika, el gobierno intentó ganar margen de negociación a través de un referéndum, donde obtuvo una victoria decisiva (62%) el “No” a la última propuesta de los acreedores. Esta victoria se dio en el marco de una campaña terrorista de los medios hegemónicos y las patronales a favor del “Sí”, y de un crecimiento de la politización de la población con filones radicales, movilizaciones de una masividad con pocos precedentes y una fuerte campaña de la Plataforma de Izquierda de Syriza y de Antarsya por este voto (el PC militó la abstención, aunque con poco acatamiento en sus bases, que votaron mayoritariamente al No). 

Asustado por las posibles implicaciones radicales del resultado, y presionado por las medidas de extorsión del BCE (que desde la convocatoria del referéndum redujo la provisión de euros a los bancos, obligando a que permanecieran cerrados por varias semanas, paralizando cada vez más la economía), Tsipras se apresuró a buscar un nuevo pacto. Alemania, ahora dispuesta a conceder una salida negociada del euro, impuso toda una serie de condiciones adicionales para la permanencia de Grecia en la eurozona, que no sólo incluyen las medidas del acuerdo rechazado en el referéndum, sino una privatización masiva de bienes públicos y el involucramiento de agentes de los acreedores en las oficinas gubernamentales, la supervisión de la aplicación de las medidas e incluso la redacción de proyectos parlamentarios. Ya no se trata del último tramo del rescate anterior, sino de un tercer rescate que comprometerá al gobierno a aplicar un duro programa de recortes durante tres años, posponiendo indefinidamente la aplicación del programa mínimo con el que Syriza ganó las elecciones, y sometiendo a Grecia a una dimensión de subordinación y humillación nacional inédita. 

Por lo demás, Syriza no ha mostrado mejores signos en otros aspectos de su política, rebatiendo los argumentos de quienes siguen pensando que se tratará de un “gobierno de austeridad con rostro humano”. En política exterior, con el auspicio del ministro de Defensa - perteneciente a ANEL – se acaba de firmar un vergonzoso acuerdo de cooperación militar con Israel, solamente comparable con el que ese país mantiene con los EE.UU. En áreas tales como el salario y la legislación social, el incumplimiento de las promesas de campaña ha sido flagrante. Por último, la represión a la movilización contra el acuerdo, y el apoyo a la instalación de una minera canadiense contra la cual el partido venía luchando hace años, terminaron por decepcionar a su propia base.

Más allá de las intenciones ideales del gobierno griego, la capitulación aparece como resultado lógico de las fuerzas en pugna: la troika, representando las instituciones del capital occidental más concentrado, fuera del más mínimo control ciudadano, gracias a las densas y complejas mediaciones propias de la democracia burguesa; y el gobierno de Syriza, que desde su llegada al ejecutivo abandonó toda mediación orgánica con las masas, a excepción del plebiscito del que renegó rápidamente.  

Sin duda una estrategia de ruptura era y es posible, a condición de ser elaborada y desarrollada por una tercera fuerza, una fuerza autónoma de los trabajadores, su densa red organizativa y su importante tradición de pensamiento crítico y lucha social.

La política de la Plataforma de Izquierda

El ala izquierda de Syriza, desde el acuerdo de febrero, se ocupó de agitar una salida alternativa a las negociaciones. No obstante, no presentó sino hasta último momento una propuesta alternativa. Censuró las acciones más resonantes del gobierno en el Comité Central de Syriza, donde fue acrecentando su peso hasta llegar a una mayoría de firmas en contra del acuerdo. No obstante, dado la creciente autonomización del gobierno de su propio partido, esto tuvo escasa influencia en los acontecimientos. A su vez, mostró una fuerte vacilación en la votación en el parlamento que habilitaba la propuesta de negociación de Tsipras, donde sólo 2 votaron en contra y 8 se abstuvieron. En la votación del acuerdo, lograron aglutinar 32 votos en contra y 6 abstenciones presentes. Esto generó una situación de relativa debilidad parlamentaria para el gobierno, que tuvo que recurrir al voto del conjunto de los partidos burgueses para que el nuevo paquete de austeridad se aprobara. Desde entonces hay rumores del llamado a un gobierno de coalición con los partidos burgueses, o de la convocatoria a nuevas elecciones, pero hasta el momento no se confirmó ninguna de estas hipótesis. 

La política de la Plataforma de Izquierda pasa ahora por dar la disputa dentro del partido; hay reportes de gran descontento en las bases del mismo, y muchas de sus ramas locales se opusieron al acuerdo con la Troika. No obstante, cabe preguntarse sobre la efectividad de esta estrategia, dada la autonomización del gobierno de su propio partido. Además, Tsipras parece haber retomado el control de su propia corriente dentro de Syriza, cuya ala izquierda (el “grupo de los 53”) había firmado mayoritariamente el documento contra el acuerdo. En una nueva reunión del Comité Central, Tsipras contó con el apoyo mayoritario de este cuerpo para posponer hasta septiembre el llamado a un congreso partidario con delegados renovados, que se realizará una vez acordado el memorándum, desestimando la propuesta de la Plataforma de Izquierda de convocar un congreso inmediato para frenar la culminación del acuerdo, con los actuales delegados que serían favorables a esa orientación.

De cualquier manera, los parlamentarios de la Plataforma de Izquierda no parecen en ningún caso dispuestos a dar un voto de no confianza en el parlamento contra el gobierno, que pudiera precipitar la convocatoria de nuevas elecciones. Resta ver si esto será una estrategia permanente de la Plataforma, o si se constituirá como un período de prueba antes de una ruptura, sea por propia voluntad o catalizada por una expulsión. Se ha comenzado a discutir en distintos espacios de izquierda la posibilidad de confluencia de la Plataforma con Antarsya (un frente claramente anticapitalista y con peso en sectores de militancia de base, pero escasa llegada electoral). Esto implicaría un reagrupamiento de izquierda con reales posibilidades de constituirse en el más importante oponente de la austeridad a partir de un programa de salida del Euro; no obstante, las críticas de referentes de la Plataforma como Kouvelakis al supuesto ultraizquierdismo de Antarsya, a pesar de militar activamente el “No” en el Plebiscito, no auguran nada bueno en este sentido. 

Si bien puede existir la preocupación de que una ruptura prematura con el gobierno aisle a la izquierda de Syriza de su base de masas, es necesario apuntar que la situación de humillación nacional y miseria social causada por la capitulación será extremadamente grave, y que todo ese descontento, en ausencia de una alternativa de izquierda, puede ser capitalizado fácilmente por los neonazis de Amanecer Dorado, que se han opuesto a las negociaciones y la capitulación desde una postura nacionalista. Si una ruptura por izquierda podría ser inicialmente minoritaria en peso electoral y de masas, el paso de los meses, cuando no se vislumbre ninguna salida a la austeridad permanente, puede configurar la oportunidad para que un reagrupamiento de la izquierda anti austeridad y pro ruptura con “la Europa del capital” se constituya en una referencia de peso propio y presencia a nivel de masas. Esto es particularmente importante, cuando la salida fascista a la crisis es una posibilidad latente.

El Marco Europeo

La popularidad del gobierno y de Tsipras no parece por el momento haber decaído a pesar del acuerdo. No obstante, no puede descartarse que esto ocurra a lo largo del tiempo. Por el momento, el gran peso simbólico que tiene la pertenencia al Euro entre los griegos, así como la campaña de terror sobre lo que implicaría una salida de la Unión, parecen haber calado hondo y provocado que incluso los tímidos gestos de desafío de Tsipras sean vistos como la mejor salida posible a la situación.

El último intento del gobierno de plantear la continuidad de su programa reformista inicial, ha sido apelar al marco europeo. Su discurso plantea que en estas circunstancias, no había otra opción que capitular; pero que esto puede revertirse en la medida que surja un movimiento europeo de oposición a la austeridad. Esta estrategia, que no compartimos, se basa tanto en la continuidad de una ilusión europeísta de parte de los reformismos de izquierda en Europa, como en el crecimiento efectivo de fuerzas que plantean una oposición a la austeridad en distintos países. En Gran Bretaña, las elecciones de autoridades del Partido Laborista, han arrojado la sorpresa de que Jeremy Corbyn, un candidato con un planteo anti austeridad, anti imperialista y un historial de acompañamiento a las luchas sociales, tiene posibilidades de disputar el liderazgo de un partido que asumió un rumbo totalmente neoliberal y guerrerista (participando de la guerra de Irak) la última vez que estuvo en el gobierno, bajo Tony Blair. A su vez, crece en Irlanda el Sinn Feinn con un discurso similar, así como opciones independistas en Escocia y Cataluña que tienen un discurso anti austeridad, por nombrar sólo algunos ejemplos.

La gran esperanza en que se centraba Tsipras, no obstante, era en una victoria de Podemos en las próximas elecciones generales de España. Si Syriza ha capitulado ante los acreedores europeos en el gobierno, Podemos por su parte ha entrado, como analizábamos en nuestra anterior Hoja de Coyuntura, en alianzas con el PSOE y otros partidos que avanzan un paso más en diluir el programa original de la fuerza. Otros hechos similares son los llamados de Pablo Iglesias para construir afinidad con sectores empresarios, y el reciente voto de los concejales de Ahora Madrid (incluyendo los de Podemos) a favor de una propuesta del Partido Popular junto con el conjunto de los partidos españoles pidiendo la libertad del proimperialista y golpista Leopoldo López en Venezuela. En resumen, se muestra una temprana “socialdemocratización” de esta fuerza, antes incluso de asumir el gobierno. 

El rumbo de la crisis y la política de austeridad en Europa redundan en primer lugar en el crecimiento de fuerzas con predominio de sectores reformistas, en alianzas que en algunos casos incluyen sectores anticapitalistas que rápidamente pierden margen de acción y posibilidad de disputar su conducción. Los sectores anticapitalistas, si bien deben mantener una postura no sectaria, y apostar a que los amplios sectores de trabajadores con expectativas en estas fuerzas hagan su experiencia con estas conducciones, deben sacar conclusiones de la participación en dichas formaciones. Hay que evaluar hasta qué punto ha sido posible, y cuál es el costo, de usar esas plataformas para propagandizar y disputar una propuesta de ruptura con el marco europeo, condición de posibilidad de una salida a la austeridad.

Conclusiones

Sin lugar a dudas, la llegada de Syriza al gobierno fue una muestra de la recomposición de los sectores de trabajadores y clases subalternas en Grecia, pero eso no implicó efectivamente una reconfiguración de las correlaciones de fuerzas al interior del Estado, que se mantuvieron en lo esencial inalteradas. La política de Tsipras, centrada desde el inicio en “lograr cambios desde el Estado” ha mostrado tener márgenes más estrechos de lo esperado, y en el afán de mantener su posición de gobierno lapidó el capital político de su partido frente a las fuerzas dominantes de la Unión Europea. 

La experiencia de las masas con esta conducción encuentra sus límites y la tarea de la izquierda anticapitalista es lanzar un nuevo ciclo de luchas contra el ajuste, que supere los límites del Estado y lo ponga en cuestión. El desafío es romper con la dirección reformista de Syriza sin perder la influencia de masas, evitar el avance del fascismo como expresión política de los desahuciados por la gestión neoliberal de la crisis, e impulsar la ruptura con el euro con una orientación anticapitalista.
En virtud de este análisis, queremos reafirmar nuestro desacuerdo con algunos sectores políticos argentinos, en particular Patria Grande, que pretenden encontrar las condiciones (imaginarias) para reproducir en nuestro país experiencias como la de Syriza en Grecia o Podemos en España, y apuntan a la constitución de referencias políticas y reagrupamientos amplios de carácter reformista, en un escenario donde hay condiciones para constituir un polo definidamente anticapitalista. Entendemos que la necesidad del momento es una acumulación firme en ese sentido, sin falsos atajos. Apostamos por eso a la constitución de un Frente Anticapitalista, que incluya a las fuerzas del FIT y a sectores de la Nueva Izquierda y la izquierda de intención revolucionaria, que pueda cimentarse como referencia política y constituirse en polo de atracción para las organizaciones sociales y políticas de la clase trabajadora en nuestro país, para afrontar con éxito las tareas del próximo periodo de la lucha de clases. 

Organización Política La Caldera
Agosto de 2015

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