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8 de octubre de 2015

La mano que teje (dentro del tejido del capital)


Hoja de Coyuntura Octubre 2015. El Papa, un Papa latinoamericano y “peronista”, ocupa el centro simbólico-político del poder mundial: la Cámara de Representantes de EEUU y la Asamblea de la ONU. Instala sus discursos, sus gestos y recibe ovaciones. No es la primera vez que un ala progresista (o mejor, conservadora-popular) de la Iglesia católica establece alianzas con fracciones de la clase dominante para impulsar un modelo capitalista más popular y por lo tanto más hegemónico.

La crisis mundial actual es una crisis del eje neoliberal más duro establecido en estos cuarenta últimos años.  Ante la crisis estructural de ese tipo de capitalismo, vemos cómo surgen fuerzas inesperadas como alternativa a ese neoliberalismo duro, fuerzas que se desgajan de las mismas fuerzas neoliberales que lo instalaron.

En nuestro país así lo hizo el kirchnerismo. Y ahora la corriente eclesiástico-política de Bergoglio motoriza un movimiento similar, pero de escala global.

Ante la ausencia de una alternativa reformista obrera y popular y más aún ante la ausencia de una alternativa revolucionaria, vemos una nueva revolución pasiva: es decir una serie de reformas desde arriba que sostengan la gobernabilidad capitalista-patriarcal y redinamicen la acumulación de capital a escala mundial. Esta tarea, sin duda, requiere de la conformación de una fuerza burguesa con base popular de carácter global.

En este sentido es llamativa la alusión del Papa a que los parroquianos de la chilena Osorno no deben “dejarse llenar la cabeza por los zurdos”, que serían según él quienes critican al obispo de esa ciudad, encubridor de curas pedófilos. Así, mientras teje buenas relaciones con los gobiernos del ALBA, va marcando la cancha de que seguiría habiendo una “zurda” con la cual no se puede trabajar y a la cual hay que estigmatizar, recuperando la vieja distinción de la encíclica social de 1931, donde la Iglesia habilitó la relación de los cristianos con una parte de los socialistas (la socialdemocracia) que acababa de rechazar la ola revolucionaria, delimitando la estigmatización del socialismo al socialismo revolucionario.

El Papa dice que el aborto es un pecado, nosotrxs decimos que es un derecho

Como venimos expresando en análisis anteriores, la Iglesia Católica busca reposicionarse a nivel mundial, en especial contra el avance de las iglesias evangélicas (demarcándose también de las religiones más fundamentalistas, aunque se presente como tolerante e inclusiva)


El 1 de septiembre de este año el Vaticano publica una carta de Francisco con vista a alinear el otorgamiento del perdón en el marco del Jubileo que comenzará en diciembre de este año y concluirá en noviembre del próximo.

Esta carta alude especialmente al aborto, definido como una "pérdida de la debida sensibilidad personal y social", como "una elección sufrida y dolorosa","un momento de derrota", bajo "condicionamientos" imponiendo a esa decisión una carga de negatividad traumática para quien lo realiza.

Otro aspecto significativo es el cambio de un discurso pro-vida donde se personaliza al feto ("muerte del niño por nacer"), criminaliza y culpabiliza a las mujeres por interrumpir/se un embarazo. Este cambio no descarta esta postura mientras incluye a la mujer como víctima, culpable sí y perdonable por abortar desde un lugar "comprensivo”. Esta operación de modificar la línea antiabortista la podemos entender en el marco de las luchas que desde el movimiento de mujeres y lgttbiq lograron avanzar con más fuerza a nivel mundial.

Bergoglio es la voz de una Iglesia que tiene expectativas muy claras para "hombres y mujeres", un institución religiosa que se entiende así misma como la gran conocedora de la conciencia humana. Con este “perdón” otra vez le contesta al feminismo y habla de la toma de decisión de nuestros cuerpos como un momento de derrota, buscando rectificar el accionar de las mujeres pero sobre todo ratificar la idea de mujer que el catolicismo tiene.

La mujer para la iglesia tiene la intuición del cuidado de un otro, un saber "natural" que la mueve y la posiciona en un lugar de "vida". Esta intuición hace a su femeneidad y por lo tanto a su "ser mujer". A su vez, este cuidado de un otro, le da un lugar y función en la familia, ser esposa y madre. Por esto, que una mujer aborte para la Iglesia no sólo mata una persona sino que lacera en profundidad en rol social de madre del que se espera de toda mujer.

Desde nuestra perspectiva este posicionamiento refuerza la función de tutela que pretende y ejerce la Iglesia Católica Apostólica Romana, el lugar de única autoridad legítima. Mostrándose como un claro operador de construcción de lo pensable, lo decible, lo esperable políticamente correcto para la sociedad en general e imponiéndose como referente de la misma.

La intervención directa de la iglesia en la lucha por el derecho al aborto  muestra como el aborto es un núcleo duro del sistema de dominación capitalista- patriarcal. De nuestra parte pensamos que esta es una lucha estratégica en relación al socialismo desde abajo y la lucha antipatriarcal. Necesario para repensar y rehacer las relaciones entre las diversas identidades de género, ya que el nacimiento y las crianzas obligatorias no pueden dar lugar a seres libres, ni a quienes serán criadxs, ni a quienes lxs criarán. Y sabemos que este carácter forzado recae hoy socialmente en forma concentrada sobre las mujeres.

Es de gran importancia ubicar cómo se va conformando una fuerza social conservadora popular que tiene como uno de sus aglutinantes la oposición al aborto. También es fundamental la otra cara de la moneda, reconocer nuestra potencialidad de cambio, promoviendo la acción directa para aprovechar las grietas legales en relación con el aborto no punible (grietas construidas como resultado de la disputa en torno a la política pública por trabajadoras estatales y por organizaciones sociales, en el marco de una subjetividad popular más proclive al mismo), siempre con el horizonte que organiza nuestra acción: El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Disputándose la reconstrucción de la hegemonía burguesa

Con lucidez y eficacia el Papa y su equipo vienen tejiendo una serie de políticas y pactos que influyen en un reacomodamiento del tablero mundial. El pacto del G6 con Irán, el del estado colombiano con las FARC, el de Cuba con Obama, la detención de la invasión de la OTAN a Siria, las presiones pro (aunque también las hay anti) inmigratorias en la Unión Europea y en EEUU, son algunas de las expresiones de esa política. También lo es la política vaticana de género, que busca construir con sus bases una estrategia más permisiva que antes pero para fines similares a los que ha perseguido históricamente. Los frutos de esta política tienen un efecto global, aunque por supuesto tienen efectos variables en cada región.

Este proyecto del Papa tiene bases débiles en fuerzas orgánicas que lo impulsen. Buena parte de los thinks thanks (o centros de elaboración estratégica del capital) siguen buscando una salida tradicional de mayor ajuste y represión, como forma de bajar costos y recuperar tasa de ganancia, con el supuesto de una recuperación de la inversión, que luego de siete años aún no llega. Y no hay fuerzas sociales de mucho peso en ningún país que pugne por volver a un neokeynesianismo pro estado interventor de bienestar. En todo caso, este discurso puede entroncar con una ola hacia la izquierda surgida en varios países de Europa donde los efectos de la crisis mundial del capitalismo son más fuertes, capitalizada en casi todos los casos hasta ahora por fuerzas reformistas de izquierda.

Por cierto cabe retomar que la forma de la internacionalización del capital en este período  incluye una relativa crisis de hegemonía yanqui/otanista y el fortalecimiento de nuevas potencias imperialistas tales como China y Rusia que le plantan cara. Es una internacionalización que no elimina sino más bien agudiza la competencia entre capitales y su peso relativo en los estados. De aquí que se intensifiquen las disputas interimperialistas (ya no luchas de liberación nacional y menos por el socialismo) en escala global.

El acceso a los bienes naturales y el control sobre los espacios de valor dan lugar a alianzas internacionales del tipo de la actual coalición que se esboza entre Siria, Irán y Rusia para enfrentar a las fuerzas de la OTAN (EEUU, UE incluyendo a Turquía). Hasta hoy es una guerra que viene ganando la alianza “informal” entre occidente con las monarquías árabes/petroleras, vía la acción de desgaste que el ISIS hace sobre Al Assad (y que intenta sin mayor éxito contra la política del PKK).

Pero la crisis de los refugiados e inmigrantes ha establecido una presión social y cultural muy fuerte para que “occidente” combata genuinamente al ISIS y/o deje que Rusia e Irán intervengan allí en defensa de Al Assad. En este contexto de guerra la construcción del PKK carece de un aliado estratégico de peso en lo inmediato, teniendo que establecer alianzas tácticas de corto plazo que pueden derivar en su instrumentación por alguno de los imperialismos en pugna si no logra sostener una firme delimitación estratégica respecto a los mismos.

En este marco nos resulta preocupante ver que aún las experiencias de masas con llegada a los gobiernos siguen un rumbo de reforzamiento capitalista-patriarcal. Los gobiernos del ALBA y partidos como Syriza y Podemos, experiencias que tenían un contenido popular (más allá de que en ningún momento fueron dirigidas por sectores organizados de lxs trabajadorxs en un sentido anticapitalista) ya no sólo no toman iniciativas progresivas del tipo de una democratización de base que permita emerger a la apropiación de las fuerzas productivas por lxs propixs trabajadorxs, sino que se adaptan cada vez más abiertamente a las tendencias mundiales de acumulación del capital.

Pero más preocupante vemos la dificultad de las corrientes revolucionarias de construir una política de masas anticapitalista-antipatriarcal en esos países en los que ha habido insurrecciones populares o al menos gran vitalidad de los movimientos sociales. Si en cierto momento era polémico pero entendible que corrientes anticapitalistas apostaran a empujar un proceso de transformación social desde dentro de esos partidos o al menos en una relación de no confrontación inmediata con ellos, hoy no hay ninguno de los procesos de lucha y construcción en esos países que pueda ser efectivamente orientado en ese sentido por parte de las organizaciones políticas que dirigen en este momento esos procesos (Syriza, Podemos, chavismo, PC cubano, PAIS ecuatoriano, MAS boliviano).

Sin embargo, ante la renuncia a seguir un camino anticapitalista de parte de las direcciones populares establecidas, vemos que ninguna de las corrientes que apuestan a construir una alternativa política anticapitalista de masas en esos países está pudiendo dar un salto de masas. El último ejemplo es el estancamiento electoral de Antarsya¬EEK en Grecia y la debacle electoral de la ruptura por izquierda con Syriza, llamada Unidad Popular. También lo es que los esfuerzos de Anticapitalistas para darle una orientación anticapitalista a Podemos en el estado español no tienen posibilidades de éxito dentro del mismo.

La buena elección de los CUP (comité de unidad popular) con un 8% en Catalunya manteniendo en alto un discurso genéricamente anticapitalista y una política centrada en la lucha popular a la que subordinan la gran cantidad de concejales que tienen en los municipios catalanes, es un saludable signo anticapitalista, aunque claramente no ha tenido todavía ninguna prueba de fuerza estratégica ante sí.

El caso del PKK y su construcción estratégica global, compleja y densa en oriente medio, en este escenario, asoma por ahora como una excepción revolucionaria, digna de la máxima atención, aprendizaje y apoyo internacionalista, bajo la siempre necesaria actitud de crítica reelaborativa en el marco de nuestra realidad particular dentro del mismo sistema en que vivimos.

En el caso de Nuestra América de da también la tendencia a una agudización de las dificultades para conquistar victorias por parte de los movimientos populares y más aún de que las construcciones políticas en las que participan los mismos –que en los países del ALBA tienen presencia en los gobiernos- tomen una orientación efectivamente anticapitalista.

A esta debilidad política popular de clase, se suma la caída de los precios de los bienes primarios exportables, que hace que cruja la base común extractiva en toda la región, quitándole a su vez un pie de apoyo a la vía desarrollista de por sí muy limitada. En este contexto las variantes políticas se mueven dentro de una disputa sobre el modelo y el rol del estado bastante acotada.

Así como los gobiernos más derechistas de Uribe en Colombia y Piñeyra en Chile dieron paso a versiones neoliberales más moderadas, así vemos que los gobiernos de los países del ALBA (y ni que hablar el PT en Brasil y el peronismo en Argentina) van asumiendo cada vez más abiertamente que el capital privado es el motor principal del crecimiento. De allí que se consolidan modelos de base extractiva neodesarrollista, con variantes en cuanto a las regulaciones a las que es sometido el capital internacional y los incentivos a fracciones menos competitivas de la burguesía.

Huir del hambre y de la guerra. Reconocernos como una sola clase obrera.

El reflujo de las rebeliones populares conocidas en conjunto como la “Primavera Árabe” ha dado lugar a un estallido de numerosos conflictos acumulados en Medio Oriente ya sin vías locales de resolución en el corto plazo. La guerra civil en Siria es una de sus expresiones más dramáticas.

Hoy hay un millón y medio de refugiados sirios en Jordania y casi un millón en Líbano, que son los dos únicos países a los que pueden ir y que ya están totalmente saturados en su posibilidad de seguir recibiéndolos. Pero la guerra y sobre todo la política inhumana del ISIS han generado ya más de seis millones de refugiadxs, por lo cual hoy tienen una sola vía: Europa y en particular Alemania e Inglaterra.

La preocupación de la clase obrera europea que no tiene consciencia de clase internacionalista, se focaliza en que en el marco de la actual crisis, desempleo creciente y austeridad europea, los migrantes intensificarán la competencia por cada puesto de trabajo. Todo lo cual lleva a una posible escisión profunda en la clase obrera mundial, que la izquierda europea debe combatir a través de una fuerte propaganda a favor de la solidaridad con lxs refugiadxs.

En Argentina, siguiendo la corriente….

Todo indica que el nuevo presidente (seguramente Scioli) seguirá la corriente. Su rol implicará reducir los pequeños roces del kirchnerismo con el imperialismo yanqui, tratando de negociar a varias puntas en las condiciones más favorables posibles. Asumiendo el discurso del Papa, adoptará seguramente tanto su postura conservadora hacia la familia, impidiendo por ejemplo la legalización del aborto, como su prédica a favor de la conciliación de clases, tratando de forjar un pacto de gobernabilidad con todos los sectores de la vieja y corrompida dirigencia pro capitalista de arraigo popular (barones y punteros, burocracia sindical, conservadores de las iglesias y ongs, etc.) ahora renovada parcialmente con la incorporación de La Cámpora y el Evita.

Contra la expectativa de algunos sectores políticos, particularmente Patria Grande, de una ruptura por izquierda del kirchnerismo con Scioli, éste ha contenido eficazmente a movimientos como el Evita ofreciéndoles un Ministerio de Economía Popular en el nuevo gobierno. A su vez, Scioli aparece como una posible prenda de unidad para casi la totalidad de la burocracia sindical, hasta ahora partida en sus posicionamientos políticos a favor de los distintos candidatos burgueses.

Ante la caída del precio mundial de los bienes que exportamos y la consecuente escasez de dólares, un gobierno de este tipo implementará seguramente una devaluación y un ajuste “controlado”, que seguramente causará desbordes por abajo entre los trabajadores, cuya capacidad de desbordar parcialmente estas dirigencias “renovadas” será uno de los puntos centrales.

La profundización de esta política de hegemonía burguesa requiere de nuestra parte profundizar en una estrategia contrahegemónica compleja. El ajuste se hará seguramente con tacto (o sintonía fina) y reforzando algunas concesiones en negociación con esa dirigencia que –hay que reconocer- por ahora sigue siendo mayoritaria en el movimiento obrero y los movimientos sociales en general.
Desafíos de nuestra izquierda

Ante esta situación, habrá que seguir atentamente el desarrollo de la crisis su impacto en los límites del neodesarrollismo extractivista local y el piloteo de esta situación por Scioli. La tendencia a una mayor unificación del bloque dominante estará sometida a renegociaciones constantes, que pueden devenir en grietas y fallas estratégicas del mismo en la medida en que emerjan iniciativas populares independientes, sobre todo si el ajuste tiende a profundizarse.

La condición de posibilidad para esta emergencia reside justamente en la capacidad de construir desde abajo, conscientemente, aquella estrategia contrahegemónica compleja, en los distintos planos que afrontamos.

La Nueva Izquierda Anticapitalista-Antipatriarcal, de la que formamos parte viene desplegando una actividad importante en ese sentido, pero su potencialidad en este campo requiere –para su despliegue- de una mayor elaboración político-estratégica (con balances autocríticos incluidos) y de mayores pasos orgánicos que traduzcan en fuerza material muchas de sus promesas.

La construcción de contrahegemonía implica condensar eficientemente las fuerzas en cada territorio, impulsando la creatividad colectiva organizada. Creatividad que requiere tanto un análisis concreto de cada situación concreta particular y general, como la capacidad de unificar las tareas de denuncia y resistencia, por un lado, con las tareas de construcción prefigurativa de la sociedad nueva a la que apuntamos por el otro.

Una traba para desarrollar esta política es cierta pérdida de autoconfianza de nuestro espacio, en parte por derrotas y rupturas varias sufridas, en parte por el mayor crecimiento de la izquierda trotskista, en particular en el campo electoral y la visualización de masas respecto a su política. Consideramos que esto último tiene un aspecto positivo, al llevar a un corrimiento político de apoyo al FIT y mayor adhesión a una política clasista por parte de muchas de las organizaciones de nuestro espacio. Al mismo tiempo debemos señalar que parte del crecimiento del FIT y sus partidos entronca con el perfil menos reacio de estos al clima de época que llega con cierta reinstitucionalización/normalización de las relaciones sociales y las luchas.

Pero la dificultad hoy de prefigurar las relaciones sociales (el poder) del mundo nuevo al que aspiramos y la dificultad de confrontar en forma directa con la institucionalidad vigente, no debe llevarnos a una mera denuncia de lo existente, sin transgredir su marco. Aquí toma todo su sentido y productividad una estrategia de contrahegemonía compleja, como se viene construyendo en los territorios sociales por diversos y numerosos movimientos y agrupaciones de base, que a su vez aún con altibajos se van articulando en corrientes como la AGTCAP, la RNMA, la corriente político-sindical Rompiendo Cadenas, Campaña contra las violencias y Campaña por el aborto, encuentros y redes ambientalistas, corrientes y encuentros universitarios, etc. En cada uno de estos pasos se intenta concentrar la masa crítica, la densidad de base, la elaboración desde la misma, que haga que el socialismo eche raíces y de un soporte para el salto político que permita construir la fuerza de masas y la orientación consciente necesaria para plantearnos una lucha por el poder a un nivel superior.

El salto político

La proyección de estos avances en territorios específicos hacia su corporización en política de masas necesita la conformación de un espacio político con este contenido, llamémosle de Nueva Izquierda anticapitalista-antipatriarcal. En tal sentido vemos positivos los debates que se están dando en el Polo de Izquierda Anticapitalista que conforman COB La Brecha, las fuerzas de Pueblo en Marcha, el FPDS CN e IR. Estos debates deben profundizarse en paralelo a acciones conjuntas. Pero sabemos que cada fuerza tiene su proceso interno que no puede ser resuelto por lamera articulación externa entre las mismas. La politicidad que aspiramos asuma conscientemente nuestro pueblo juega hoy una partida clave en el hecho de que cada una de estas organizaciones sostenga una nueva cultura militante y sea parte del proceso de organización del pueblo trabajador, para lo cual debemos asumir tareas y funciones cada vez más específicamente políticas, lo que puede llamarse funciones de partido. Desde nuestras organizaciones, con nuestros tiempos y procesos debemos estructurar programas políticos, desarrollar distintos tipos de prensa, formarnos, generar mecanismos de autodefensa popular, superar las visones localistas en la militancia y centralizar democráticamente la acción política general. ¡Para que el futuro sea nuestro!


A construir organización. A construir poder popular. A construir feminismo
¡Por el camino del socialismo desde abajo!



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