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8 de marzo de 2016

Ante la ofensiva del capital, iniciativa popular



Ante la dura y decidida ofensiva del nuevo gobierno contra nuestras condiciones de vida, todas las organizaciones populares debemos aunar fuerzas en una resistencia no menos decidida. La construcción del frente único de lxs trabajadorxs se irá dando si logramos generar una iniciativa popular contrahegemónica.





Un gobierno “de clase” 

Desde el 10 de diciembre, Macri ha iniciado una ofensiva compacta y sostenida por desplazar de todas las áreas del Estado al kirchnerismo y a todo sector crítico. La vuelta al “país normal”, del que habla Cambiemos y los medios de comunicación oligopólicos, es una “limpieza” que el proyecto neoliberal ejecuta sobre los elementos contradictorios que el kirchnerismo expresó, como parte del movimiento crítico y popular que se fue conformando a fines de los 90 e inicios del 2000. Por esto último, el FPV nunca fue visto por la clase dominante como una fuerza política propia.

La ofensiva del gobierno de Macri es de los sectores más concentrados del capital financiero “occidental”, que entienden que el capitalismo normal en Argentina implica el predominio decisivo de los EEUU como representación eminente de aquel, y que los márgenes para negociar con otros imperialismos y subimperialismos deben ser controlados por ese país. Este es un control que no se da sólo desde afuera, sino que esa fracción del capital es parte misma del gobierno (presencia determinante de los CEO de las transnacionales y los intelectuales orgánicos de sus thinks tanks) desde donde van conduciendo no sólo el Estado, sino también la conformación de una fuerza social que incluye -hegemonizada por aquellos- a importantes sectores de la pequeña burguesía acomodada e incluso populares. 

El odio de clase que destilaron los medios hegemónicos, el partido judicial, y las diversas cámaras empresarias, contra el “autoritarismo K” expresaba sin duda el sentirse ultrajados “en su propia casa”, es decir en un Estado que consideran de su exclusividad, así como consideran que la propiedad privada les da un derecho de exclusividad (y exclusión) respecto a los demás. La grieta de la que tanto hablaron, en definitiva era la grieta que sentían en “su” Estado, por la presencia de “indeseables” a quienes nunca dejaron de sentir como “extraños”. 

Vienen por su revancha... 

En tres meses, el gobierno (acompañado por el Frente Renovador y buena parte del PJ institucional) inició “un camino de ida”, aplicando medidas en una sola dirección: acumulación de poder del capital más concentrado y amenaza permanente sobre lxs trabajadorxs: 

Liberalización para el capital en todas sus formas, ajuste en el gasto público sobre todo en los programas progresivos o de contenido crítico, aumento de la represión institucionalizada. 
A su vez el reconocimiento del poder jurisdiccional norteamericano sobre nuestro país (Griesa) y de la legitimidad de la deuda externa -originada en lo tomado por la dictadura proyanky del 76-, el generoso pago a los buitres y la búsqueda de un reendeudamiento feroz van en un sólo camino: el aumento de la dependencia objetiva ante el capital financiero más concentrado. 

Ante una inflación anual que rondará el 40%, los aumentos salariales se perfilan por debajo. Incluso los gremios docentes que han aceptado un aumento -no desdeñable- de un 34% en cuotas, lo han hecho con una casi segura pérdida de poder adquisitivo, con la mitad de sumas en negro que achatan gravemente la escala salarial. Y esto en un gremio que no tiene el problema del miedo a los despidos…

En estos tres meses la ola de despidos, tanto en el sector estatal como en el privado, fue amortiguada por una resistencia desigual, dispersa y focalizada sector por sector. Un primer y provisorio balance nos muestra que el recorte que concretaron el gobierno y las patronales fue importante, aunque menor al que aspiraban. 

Ante esta ofensiva, a los dirigentes K se los ve bastante limitados al debate de si resistir las políticas de Cambiemos o ser una oposición “que acompaña”. La “resistencia con aguante”  ha quedado básicamente en manos de la base kirchnerista más independiente, sin mayor presencia dirigencial. El silencio de Cristina en todo caso deja la duda, a sus mismas bases, de si el kirchnerismo se plantea una estrategia más allá del PJ, ya que sin el PJ no aparece con capacidad de detener el avance macrista y tampoco de obtener victorias electorales en 2017 y 2019. 

Regatearle al capital o ir por nuestra revancha... 

En el campo sindical los dirigentes de las CGT y sus respectivos gremios siguen ligados a formas más o menos conservadoras del peronismo, siendo cada vez menor en ellos el peso del sindicalismo K. Por su parte la dirigencia de las dos CTA reaccionó con pasmosa (aunque previsible) lentitud y moderación. Más bien parecían preocupados por la dirección de ATE como forma de dirimir quién conduciría la necesaria -para ambos- reunificación de las CTA. Recién a más de dos meses de esta ofensiva del capital en toda la línea se dio la primera jornada nacional de paro y movilización convocada desde ATE. 

En todo caso la resistencia más eficaz se dio en aquellos lugares de trabajo donde hubo una defensa política explícita, tal como lo señaló la consigna “soy estatal, mi trabajo son tus derechos”, que enlazaba la reivindicación elemental “corporativa” con la proyección del interés general, esbozando una alianza con los sectores populares en general. Con esta línea política central, se revirtió parcialmente ante la opinión pública y en particular ante el resto de la clase trabajadora la justificación macrista de los despidos masivos. A su vez esta política permitió superar la división en lxs trabajadorxs entre los K y los anti K y entre los moderados y la izquierda, lo cual dio pie a un efectivo frente único por la base que posibilitó sumar la masa crítica para trascender parcialmente el cerco mediático, el período de gracia de los primeros cien días del macrismo y el fuerte desprestigio del kirchnerismo ante vastos sectores de la sociedad. 

En el caso de la prisión de Milagro Sala, en cambio, no fuimos capaces como “campo popular” de darnos a tiempo una política que permitiera devolver el golpe objetivo que nos propinó el macrismo con su prisión bajo la figura de sedición por hacer un acampe de protesta. Cuando comenzamos a reclamar contra esa medida, delimitándonos de variadas prácticas nefastas de la Tupac Amaru, el gobierno nos corrió el arco al cambiar la carátula (ahora sí por corrupción). 

La jornada del 24F: una defensa que supo golpear 

El paro y la marcha del 24 de febrero fueron el primer golpe nacional a la actual ofensiva macrista. Empujado desde abajo por vivos conflictos por lugar y área de trabajo (con protagonismo de sectores de izquierda e independientes críticos), la conducción de la CTA Autónoma (De Genaro-Cachorro Godoy) presionó a su vez a la CTA de los trabajadores (Yasky) para coordinar una jornada nacional de lucha el 24 de febrero contra el ajuste y la represión (protocolo antipiquetes) macrista. 

Así, como en un juego de encastre, fue construyéndose una unidad de acción entre diversos sectores del campo popular. Lxs 50.000 trabajadorxs que participamos ese día durante cinco largas horas de extenuante sol y calor, dejamos en claro que existe una posibilidad inmediata de derrotar la ofensiva macrista. Hubo así un gran ganador de esa jornada: lxs trabajadorxs, y un gran perdedor: el gobierno nacional. A su vez quedó planteado un movimiento hacia la unidad de las dos CTA, saliendo especialmente fortalecido el sector Godoy-De Genaro, pero también Baradel-Yasky pudieron al menos lavarse un poco la cara, lo cual sumado al sorpresivo ofrecimiento que terminó haciendo el macrismo les permitió evitar un plan de lucha sin ser desbordados seguramente por las bases.

Por nuestra parte como izquierda y en particular como nueva izquierda anticapitalista (por el poder popular y el socialismo desde abajo) hicimos un importante aporte a esta jornada, aunque lo referenciamos modestamente. En buena medida debido a que los sectores que más veníamos aportando desde abajo (como lxs militantes de la corriente Rompiendo Cadenas en la Víctor Choque y ATE desde abajo) marchamos dentro de nuestros gremios, en la columna general de ATE, mientras que los gremios conducidos por los partidos de izquierda marcharon en una columna por separado. La AGTCAP marchó también en otra columna. 

Desde las bases construir el frente único contra la ofensiva del capital 

Esta tendencia al frente único de lxs trabajadorxs (no frente único revolucionario sino de lxs trabajadorxs, tanto de sectores reformistas como revolucionarios) fue contenida cuando al día siguiente el gobierno hizo un recálculo corriendo el techo de menos del 25% a alrededor de un 34% (si bien con muchas sumas en negro y en cuotas) fue suficiente para que la conducción de la CTA Yasky acordara rápidamente con Macri. 

No obstante, esta movida del gobierno tiene el riesgo -para ellos- de que el resto de los gremios tanto estatales como privados tendremos suma legitimidad para pelear por al menos un 34% de aumento salarial, más de lo que los dirigentes venían planteando públicamente. 

En definitiva un nudo en la actual situación es que el frente único de lxs trabajadorxs es necesario para fortalecernos como clase, pero no surgirá por iniciativa de ninguna de las direcciones actuales de nuestra clase. Todas ellas en realidad buscan tener una base de apoyo para poder negociar mejores condiciones en las cuales las direcciones burguesas de las fuerzas sociales hoy en pugna les ofrezcan mayores beneficios a ellos y concesiones a su base de apoyo. Es decir todas tienen como perspectiva estratégica conformar fuerzas policlasistas en que una u otra fracción burguesa dirija y promueva uno u otro modelo capitalista. 

Por ello es indispensable que las variadas y numerosas (pero aún minoritarias) tendencias de izquierda hagamos causa común para impulsar ese frente único. Sólo ello nos permitirá enfrentar con una efectiva política de masas la ofensiva macrista. En tal sentido es grave el fracaso del Encuentro Obrero del 5 de marzo que no fue entre todas las tendencias de izquierda, pero aún hay condiciones para que sectores del sindicalismo de base podamos confluir al menos en un Encuentro Obrero que, aun siendo pequeño, pueda hacer un aporte cualitativo a la unidad de acción de lxs trabajadorxs. 

¡¡A construir la unidad, por el protagonismo popular!!



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