Hoja de Coyuntura Junio/Julio 2016. Estamos enfrentando una fuerte embestida contra las condiciones de vida del pueblo trabajador, una embestida de las clases dominantes que se inscribe en la historia de ajustes (y de resistencias a esos ajustes) que cíclicamente han descargado sobre nuestras espaldas.
El macrismo intenta vendernos que el suyo es un ajuste gradual – porque pasó de aplicar un tarifazo del 1000% a uno del ¡400%! - y que la transferencia de ingresos hacia el capital más concentrado es la antesala de la lluvia de inversiones que nos va a sacar del pozo.
Hay que decir que este brutal ajuste puede mejorar efectivamente la competitividad del sector más concentrado del capital, ligado a la exportación y a la producción de bienes y servicios que no pueden dejar de ser consumidos aunque tengan precios por las nubes. Pero esto es posible sólo a costa de pauperizar las condiciones de vida de nuestra clase, en favor de sus ganancias. Un crecimiento económico con reducción de empleo, de salarios y de derechos, similar al de la primera mitad de los noventa, para consolidar y profundizar las reformas neoliberales del Consenso de Washington, sin salirse del marco de la democracia liberal-representativa.
El problema de la hegemonía
En un modelo que objetivamente empeora el nivel de vida popular es de esperar que crezca el descontento y baje el consenso en las instituciones del sistema. La respuesta del macrismo a este fenómeno viene presentando tres elementos:
1- Intentó mostrarse desde los primeros meses de su gestión como una fuerza dispuesta a recurrir a la represión en forma más directa (por ejemplo con la presentación del protocolo contra la protesta). No obstante, por el momento no avanzó decididamente en ese sentido, mientras la cantidad de movilizaciones populares se ha incrementado.
2- No abandona la carta del consenso social, e intenta influir en los sectores que reciben de lleno los efectos del brutal ajuste en curso. No pretende movilizar este sector en favor de sus políticas, sino más bien neutralizarlo. El bombardeo mediático en torno a la corrupción kirchnerista como impugnación de la política (y reivindicación de los gerentes) apuntala en el pueblo el individualismo y la mercantilización de la vida propia de nuestras sociedades capitalistas. Este mecanismo no triunfa automáticamente, sino que se sustenta en una importante red de asociaciones civiles burguesas y ONGs con penetración en el territorio. El otro elemento decisivo en este punto es el sostenimiento por parte del gobierno de las políticas asistenciales fundamentales del periodo kirchnerista, como es el caso de la AUH.
3. Si bien el gobierno apunta a un neoliberalismo gestionado en el marco de la democracia liberal, no ha dudado en eludir los obstáculos que ésta le impone, especialmente a través de las medidas por decreto, sin encontrar un rechazo social masivo a estos métodos.
De nuestra parte, debemos dar una disputa por el sentido de la democracia, revalorizando los métodos de participación directa de lxs trabajadorxs en la lucha contra el ajuste, e intentando hacer calar en nuestra clase la denuncia a la esencia anti-democrática del método de gobierno de Cambiemos. Sólo el crecimiento de la resistencia obrera y popular al ajuste obligará al gobierno a desnudar más abiertamente su costado represivo y anti popular, poniendo en crisis el consenso que aún sostiene en importantes sectores del pueblo.
Golpe a golpe
Tanto frente a los despidos como ante el techo a las paritarias por debajo de la inflación, lxs trabajadorxs hemos hecho esfuerzos por “devolver” esos golpes, y en esos intentos hemos ido encontrando algunos problemas que vamos aprendiendo a superar.
Por un lado, la famosa “grieta” es hoy algo completamente funcional a la ofensiva macrista y un obstáculo para articular la resistencia en nuestros lugares de trabajo. El punto de unidad estos meses debió ser antes que nada gremial y en apelación a la solidaridad de clase. En los sectores donde existe activismo con trabajo de base impulsando esta orientación, se ha logrado articular una resistencia “de masas” conquistando algunos logros, en la mayor parte de los casos parciales y defensivas.
Tales fueron los casos de las juntas internas de ATE Trabajo y ATE Economía en CABA, o el caso más destacado de lxs compañerxs de SIAT Tenaris en Lanús, donde los despidos habían sido focalizados en el activismo, logrando reincorporaciones. A escala nacional, pueden destacarse la exitosa paritaria de aceiteros, y la más disputada paritaria universitaria. Estas luchas requirieron alto grado de unidad interna para lograr sus objetivos. El enlace con la sociedad estuvo caracterizado sobre todo por la difusión de las situaciones de cada sector, aunque no se logró una gran coordinación con otras organizaciones populares.
Esta política pudo desarrollarse allí donde intervinieron corrientes político-sindicales, como el activismo de Rompiendo Cadenas. Pero sin duda en la mayoría de los casos no se impulsó esta política, ni desde la izquierda nucleada en el FIT ni desde el kirchnerismo. El PTS defendió en lo discursivo la necesidad de impulsar esta política de unidad en la acción, pero en la práctica su política se guió por la disputa sectaria con el PO por colocarse como el principal partido de izquierda en nuestro país, y por la dirección del FIT como herramienta electoral.
Desde la Nueva Izquierda Anticapitalista y Antipatriarcal, continúan los intentos por construir una alternativa política de lxs trabajadorxs, que pueda vincularse con otras tradiciones políticas, pero sin renunciar a la consolidación de un espacio propio de identidad democrática, clasista, antipatriarcal y anticapitalista. Actualmente esa apuesta se esboza en la campaña nacional “No te dejes ajustar”. Ciertamente este sector de la izquierda es aún minoritario como tendencia organizada, pero tiene una gran potencialidad para enlazar con poderosos núcleos de buen sentido existentes en nuestro pueblo.
En el plano político general, las direcciones de las organizaciones sindicales condicionaron severamente las respuestas que pudimos desarrollar como clase al ajuste. El 24 de febrero se hizo un importante acto de masas en la plaza de mayo promovido de conjunto por De Genaro y Cachorro Godoy con el sector kirchnerista que responde a Yasky, ambos de características reformistas burocráticas. El sector más kirchnerista del movimiento obrero también tuvo una activa participación en el 24 de marzo y el 13 de abril en el acto de Cristina en Comodoro Py, que también se expresó en la marcha de las dos CTA del dos de junio, traccionando al michelismo. El sector de las CGT sólo se movilizó el 29 de abril (junto a las CTA y sin Barrionuevo), siendo este el acto con mayor peso.
Todas estas movidas están fuertemente regimentadas desde arriba y no se proponen desplegar las energías obreras y populares, que las direcciones burocráticas encausan para ampliar sus márgenes de negociación con los gobiernos de turno. Sin embargo, son un marco en el cual podemos desplegar nuestra iniciativa.
Por su parte, las principales expresiones políticas conducidas por la burguesía (el PRO/Cambiemos en relación al capital concentrado; el peronismo en disputa entre el PJ tradicional y el FPV en relación a la burguesía media, no competitiva) también encuentran dificultades internas, a su vez que desarrollan un fuerte enfrentamiento entre sí. El último episodio en esa línea es el de la fractura del bloque del FPV en Diputados, con la ida de los referentes del Movimiento Evita.
Construir el frente único contra la ofensiva del capital
En un marco de fuerte ajuste y una adhesión popular muy endeble a ambas fuerzas políticas, es de esperar que el descontento y la deliberación popular tienda a crecer. En ese marco entendemos que seguir una política de frente único “defensivo” ante el ajuste tiene la potencialidad de obtener reivindicaciones sentidas por las masas. Por eso vemos positivamente el surgimiento de multisectoriales contra los tarifazos y contra los despidos, sobre todo cuando hay destacada participación sindical, como casos de frente único en Lomas de Zamora, Rosario, Tierra del Fuego, Santa Cruz y Comodoro Rivadavia.
Como señalamos más arriba, el frente único de lxs trabajadorxs en lucha contra el ajuste no surgirá de las direcciones burocráticas de nuestra clase. Todas ellas buscan mejores condiciones de negociación frente a las direcciones burguesas, y tienen como perspectiva estratégica conformar fuerzas policlasistas, nucleadas en torno a los distintos modelos de reproducción del sistema capitalista, dividiendo a nuestra clase para ponerla detrás de las disputas de los de arriba.
Por ello es indispensable que las variadas y numerosas (pero minoritarias) tendencias de izquierda hagamos causa común para impulsar ese frente único. Sólo ello nos permitirá enfrentar con una efectiva política de masas la ofensiva ajustadora de los gobiernos nacional y provinciales.




