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1 de julio de 2016

La reproducción social más allá de la interseccionalidad


La reproducción social más allá de la interseccionalidad: 
entrevista a Sue Ferguson y David McNally. 


Publicado en Viewpoint Magazine 31/10/15 (1). 
Traducido por Velia Luparello y Darío Scattolini para Organización Política La Caldera.



Viewpoint Magazine: Podemos comenzar con el concepto mismo de reproducción social. En su prólogo reciente a la reimpresión del clásico de Lise Vogel de 1983, El marxismo y la opresión de las mujeres, localizan la contribución distintiva de Vogel al pensamiento feminista-marxista en su investigación de "las condiciones de posibilidad de la fuerza de trabajo", o la manera en que la fuerza de trabajo es biológica, social y generacionalmente reproducida.  Partiendo de esta base es posible entonces trazar las conexiones internas entre las actividades y relaciones que son necesarias para la existencia continua del trabajo asalariado y los procesos de formación de clase fuera de la producción. En su opinión, ¿cómo transforma la reproducción social las categorías del análisis de clase marxista? ¿Qué es importante teórica y políticamente?

David McNally y Sue Ferguson (*): Primero está la cuestión de una transformación de categorías. Como tu pregunta lo señala, el enfoque de la reproducción social transforma nuestra comprensión de la fuerza de trabajo. En los análisis marxistas convencionales, la fuerza de trabajo simplemente se supone que está presente: es un factor dado de la producción capitalista. En el mejor de los casos es entendida como el producto de procesos regenerativos naturales, biológicamente determinados. Al socializar la fuerza de trabajo - al desenterrar su inserción en la historia, la sociedad y la cultura - el feminismo de la reproducción social revela, en primera instancia, que no se puede simplemente suponer que la fuerza de trabajo existe, sino que se la hace disponible para el capital sólo por su reproducción en y a través de un conjunto particular de relaciones sociales generadas [gendered; es decir, no "generadas" en el sentido de "producidas" sino de que adoptan roles de género] y sexualizadas que existen más allá de la relación directa capital/trabajo, en la denominada esfera privada. También agudiza nuestra comprensión de la posición contradictoria de la fuerza de trabajo con respecto al capital, identificando todos los aspectos de nuestra reproducción social (de nuestra búsqueda de satisfacer necesidades humanas, de vivir) como esenciales, pero a la vez como un lastre para la acumulación (porque el capital paga esto indirectamente a través de salarios, beneficios e impuestos).

Éstas son las percepciones claves de la primera generación de feministas de la reproducción social. Pero, como sugiere la investigación más reciente, este enfoque también revela que la fuerza de trabajo misma es una categoría más compleja y diferenciada. Cuando uno atiende a las relaciones sociales reproductivas se vuelve claro que, pese a los impulsos igualadores de la extracción de valor capitalista, la fuerza de trabajo no es homogénea. Ciertxs trabajadorxs, y en verdad cada vez más, son más vulnerables a una mayor opresión que otrxs, no por alguna diferencia en las maneras en que operan las leyes de la acumulación capitalista, sino porque hay relaciones opresivas más allá del lugar de trabajo que median la reproducción social de la fuerza de trabajo, asegurando no sólo que lxs trabajadorxs lleguen a las puertas del capital, sino también que lo hagan encarnando diferentes grados de degradación o deshumanización.

Esto conduce a tu segunda pregunta, la importancia teórica del enfoque de la reproducción social. Al explicar por un lado la interconexión del trabajo no asalariado que hacemos para reproducirnos a nosotrxs mismxs con el trabajo asalariado, por el otro el feminismo de la reproducción social nos presenta una comprensión complejamente diferenciada, pero aun así unificada, de la totalidad social. Ésta es su contribución teórica central al marxismo. Con el giro del análisis de los sistemas duales a la interseccionalidad, lxs teóricxs sociales radicales nos han presentado de manera convincente una imagen del embrollado mundo experiencial, y han identificado dinámicas sociales, políticas, económicas y psicológicas claves que sostienen las relaciones patriarcales, racializadas y coloniales, por nombrar sólo algunas. Y las mejores explicaciones interseccionales han insistido correctamente que es imposible aislar cualquier conjunto particular de relaciones opresivas de los otros. Pero no han desarrollado ninguna explicación coherente de cómo y por qué, por ejemplo, las relaciones heterosexualizadas se interseccionan con las relaciones patriarcales de algunas maneras y no de otras (por qué la familia, a través de sus cambios de forma en el tiempo para hacer lugar, por ejemplo, al matrimonio de parejas del mismo sexo, sigue siendo pese a eso una institución privada a través de la cual la heteronormatividad y el patriarcado se afirman rutinariamente, si no siempre). Una razón para esto tiene que ver con una inadecuada teorización, por parte del feminismo de la interseccionalidad, de la totalidad social, de los procesos y la dinámica generales en y a través de los cuales se interseccionan las relaciones sociales discretas. Y esto significa, por supuesto, que pese a afirmar que las distintas opresiones son co-constitutivas, de hecho son tratadas como sistemas ontológicamente distintos, entrecruzándose o entremezclándose en el espacio.

El enfoque de la reproducción social, por el contrario, postula una totalidad capitalista. Un todo social capitalista es definido, en primera instancia, por la separación de lxs trabajadorxs (que entendemos como todas las personas que trabajan para reproducirse a sí mismas y a su mundo, lxs reproductorxs sociales, en otras palabras) de los medios para su subsistencia (o reproducción social). Éste es un hecho puro de la existencia bajo el capitalismo, y como tal da forma ampliamente a lo que es posible, con toda certeza dentro de la relación capital/trabajo, pero también dentro de nuestras relaciones generadas [gendered], racializadas, heterosexualizadas, etc. más allá del lugar de trabajo.

Si bien hablar de determinación capitalista puede sonar como una recaída en el fundamentalismo marxista, no hay nada mecánicamente causal en esta noción de determinación. El patriarcado y el racismo, de acuerdo con esta perspectiva, no se suponen directamente funcionales a las necesidades del capital; no surgieron porque el capital los llamó a existir. Más bien, el imperativo capitalista de acumular es determinante en el sentido de que pone límites a lo que es posible, incluso si las posibilidades específicas (el grado de participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, por ejemplo, o el acceso al aborto) son ellas mismas alteradas a través de la lucha.

Reconociendo esto, las relaciones precisas por las que nos reproducimos socialmente pueden variar bastante. Y las personas pueden modificar y continuamente modifican estas relaciones de las formas que mejor se acomodan a sus necesidades, y que pueden ser de hecho disruptivas para las necesidades de fuerza de trabajo del capitalismo. Las personas eligen, por ejemplo, vivir en toda clase de relaciones, incluyendo relaciones sin hijxs. Los hombres, las mujeres y las personas transgénero pueden compartir el trabajo doméstico y el cuidado de lxs hijxs igualitariamente. Otrxs pueden escoger emplear el tiempo pintando cuadros que nunca se venderán, mirando el cielo, o luchando contra el racismo en las calles. Nada de esto es funcional al capitalismo, y todo esto prioriza necesidades humanas por sobre la reproducción de la fuerza de trabajo para el capital. Pero, en la medida en que ciertas formas de relación opresivas facilitan (en lugar de estorbar) la tarea de llevar fuerza de trabajo a las puertas del capital, habrá fuerzas poderosas (sean las instituciones y prácticas del estado, la sociedad civil o el capital) sosteniendo el racismo, el sexismo y otras opresiones, y desalentando formas alternativas de relaciones humanas. Como resultado, el grado en que las personas pueden tomar el control sobre sus vidas más allá del lugar de trabajo (el grado, por ejemplo, en que las mujeres pueden tomar el control de las condiciones de su trabajo asalariado y de su trabajo y cuerpo reproductivo, o en que las personas racializadas puedan controlar el alojamiento, el cuidado de hijxs y la distribución de alimentos en sus comunidades) es limitado dentro del capitalismo. Dicho de forma diferente, hay una razón para que las prácticas e instituciones opresivas no hayan desaparecido por sí mismas dentro del capitalismo, y por la que seguirán siendo puntos de lucha mientras el capitalismo sobreviva.

Y esto nos trae a la pregunta final, la de la importancia política de la reproducción social. Acordemos que la reproducción del capitalismo requiere algo más que la relación directa capital/trabajo, intercambios "económicos" y leyes de movimiento, que de hecho depende críticamente del conjunto embrollado y complejo de relaciones vividas llevadas a cabo por seres humanos generados [gendered], sexualizados y racializados de manera diferente. Si esto es así, entonces necesitamos comprender también que los cuerpos, las prácticas y las instituciones racializadas, sexualizadas y generadas importan: el racismo y el sexismo no son aberraciones históricas que de alguna manera pueden ser separados del funcionamiento "real" o "ideal" del capitalismo. En cambio, son un una parte integral y determinante del proceso real de la desposesión y acumulación del capital, en el sentido de que lo facilitan real y activamente. Por el mismo razonamiento, desafiar el racismo, el sexismo o cualquier opresión que impacta sobre la reproducción de la fuerza de trabajo, puede entorpecer la reproducción del capital.

Es en este sentido que los "movimientos" o luchas fuera del lugar de trabajo son luchas de clases. Es decir, son ellas mismas potencialmente anticapitalistas en esencia, así como una lucha en el lugar de trabajo siempre es incipientemente anticapitalista. Y así como abandonar las herramientas puede parar el corazón del capital, también puede hacerlo un movimiento que demande el fin de la degradación diferencial de la vida humana, un acceso total y comunitario a los medios de subsistencia, el control sobre nuestros propios cuerpos humanos. Ciertamente, ningún movimiento o lucha singular en el lugar de trabajo detendrá completamente el corazón del capital. Pero cada interrupción reverbera por todo el cuerpo, debilitando potencialmente su pulso. Así, la importancia política del enfoque de la reproducción social yace en su capacidad de mostrar la importancia de luchar en muchos frentes, pero con una orientación anticapitalista explícita.

PV: En tu pieza en el número reciente de Socialist Register te enfocas en la conexión entre la reproducción social y el trabajo migrante, particularmente en el contexto norteamericano. Ahora bien, el tópico de la inmigración o la migración ha sido cubierto extensamente por lxs investigadorxs marxistas en Europa, pero dentro de los Estados Unidos, Canadá y México se ha hecho comparativamente poco para desarrollar investigación sobre el trabajo migrante dentro de una teoría marxista amplia y contemporánea. Hay excepciones, por supuesto (el libro reciente de Rosemary Hennessy viene a la mente), pero en gran medida la política de las organizaciones por los derechos de lxs inmigrantes no están articuladas en un lenguaje marxista o socialista. ¿Ven su obra como una contribución a este proyecto mayor, es decir, ver el proceso de la migración y la racialización como inseparable del análisis de clase y de género?

DM y SF: La respuesta corta a tu pregunta es sí. Una teoría marxista de la reproducción social nos ayuda a extraer y explorar la contradicción que hay en el corazón de la formación de fuerza de trabajo. Después de todo, el capitalismo tiene una tendencia a considerar que el trabajo es homogéneo e intercambiable. Al mismo tiempo, no hay una mercancía separada llamada fuerza de trabajo simplemente esperando en el mercado ser comprada por el capital. En cambio, hay seres humanos concretos que son "portadores" de fuerza de trabajo, para usar la apta expresión de Marx. En consecuencia, la capacidad de trabajo abstracto está atada a personas concretas. Y tales personas existen en lugares y espacios reales y diferenciados. Así como la fuerza de trabajo debe ser producida y reproducida a través de relaciones sociales efectivas, estas relaciones también deben subsistir en espacios y tiempos concretos. Aun así, y esta es otra tendencia del sistema, los espacios del capital son diferenciados de acuerdo a los regímenes de la raza y el imperio. Todo esto afecta masivamente el tratamiento efectivo de lxs "portadorxs" vivxs de fuerza de trabajo, particularmente si están racialmente degradadxs, o localizadxs como ajenxs a las zonas principales de acumulación capitalista.

Hay una presión economicista en gran parte de la economía política radical, que tiende a caer por defecto en la idea del "trabajo" como una mercancía con sus propios mercados, como los inmuebles o los bienes de inversión. La teoría de la reproducción social desmitifica todo esto, continuando la percepción de Marx sobre lxs portadorxs humanxs de fuerza de trabajo y luego planteando preguntas sobre las condiciones de su producción y reproducción. Y teorizar los sitios concretos de esa reproducción requiere no sólo atender a las prácticas hogareñas y comunitarias (la percepción clave de las primeras teorías de la reproducción social), sino también a la locación socio-geográfica de esos hogares y comunidades en una jerarquía social racializada dentro y entre los estados nación.

Y aquí pasan al frente las cuestiones de la migración. Después de todo, la fuerza de trabajo hoy está siendo reproducida masivamente en sitios de bajos salarios fuera de los núcleos de la producción y acumulación capitalista. En algunos casos el capital puede migrar para establecer la producción, la distribución y las redes informacionales en áreas donde la fuerza de trabajo es barata. Pero en los casos donde el trabajo es espacialmente inmóvil (el agronegocio, el cuidado de niñxs de familias pudientes del norte, la construcción, gastronomía y hotelería en esas mismas zonas) la fuerza de trabajo barata (y sus portadorxs humanxs) debe ser llevada adonde ese trabajo es directamente requerido. Pero, dado que sus portadorxs humanxs en general están desesperadxs, pueden ser atraídxs sin ofertas de membrecía y derechos legales y políticos completos. Esto resulta en los estatus diferenciados de muchxs trabajadorxs migrantes, y en la elevada precariedad, degradación y opresión que esto trae consigo.

Por supuesto, muchxs comentadorxs han provisto ricas descripciones de los regímenes de empleo temporario y de las formas de servidumbre que implican. Gran parte de este trabajo es altamente valioso. Pero creemos que un enfoque marxista de la reproducción social puede teorizar el trabajo migrante de formas que capten más completamente su rol en el capitalismo tardío y la multidimensionalidad de las formaciones de clase involucradas, en particular sus dimensiones generadas y racializadas. Para dar sólo un ejemplo, consideremos la separación espacial de los sitios de reproducción doméstica de los del empleo pago. Para teorizar esto adecuadamente necesitamos atender no sólo al movimiento físico de lxs trabajadorxs migrantes a través de las fronteras, sino también a los contraflujos de partes de sus salarios (en la forma de remesas), así como al trabajo de cuidado y educación de los niñxs, actualmente dependiente de esas remesas, que probablemente compondrán parte del ejército laboral de reserva global para la migración al núcleo capitalista. El análisis de la reproducción social tiene la capacidad de vincular esos flujos de personas y salarios, así como las prácticas espacial y nacionalmente separadas del trabajo asalariado y la reproducción social, dentro de un proceso social complejo pero unitario. La migración entonces se vuelve central para la reproducción de capital y la clase trabajadora global, más que un aspecto colateral interesante. Y esta forma de investigación vincula internamente la racialización y el estatus diferenciado con cualquier análisis significativo de género y de clase.

PV: Sue Ferguson ha escrito (3) sobre el surgimiento y la importancia del feminismo de la reproducción social canadiense como un enfoque que integra conceptualmente el carácter relacional de la clase, el género y la raza dentro del contexto más amplio de las relaciones de poder específicamente capitalistas. Aquí podemos pensar especialmente en el trabajo de lxs primerxs teóricxs en revistas como Studies in Political Economy y en influyentes compilaciones como Hidden in the Household, hasta teóricxs más contemporánexs como Stephen Gill e Isabella Bakker, David Camfield, Alan Sears, y críticxs simpatizantes como Himani Bannerji. ¿Por qué el análisis de la reproducción social siguió siendo tan prominente en el pensamiento canadiense?

DM y SF: Ciertamente es verdad que, como bien señaló Kate Davison  el año pasado en la conferencia de Materialismo Historico en Londres, hubo una especie de «partido de la reproduccion social» en Canadá en la década de 1970 y 1980. Solo podemos especular acerca de porqué se produjo en ese lugar y no en otro. Para comenzar, es importante señalar que el feminismo socialista se convirtió en la corriente feminista dominante en la región canadiense angloparlante a principios de los años 70 (en Quebec se afianzó el feminismo de izquierda, con importantes bases de apoyo en los sindicatos y los movimientos sociales nacionalistas de izquierda). Meg Luxton y Heather Jon Maroney sugieren que hubo dos razones para este fenómeno: (i) la fortaleza de la social democracia (a diferencia de Estados Unidos, un partido social demócrata tiene aquí una presencia social y electoral significativa desde la década de 1930), y (ii) la falta de instituciones y prácticas que promuevan un marxismo tradicional (a diferencia de Gran Bretaña o Francia, donde los Partidos Comunistas tuvieron una mayor presencia). Estas condiciones subyacentes, de acuerdo a ellxs, contribuyeron a crear y mantener una cultura intelectual y política que tomaba seriamente las ideas socialistas.

Como miembrxs de un grupo que se diferenció de la influencia del PC [Partido Comunista] - David se unió a International Socialists a mediados de 1970, y Sue a principios de los ´80 - participamos en varios de los debates acerca de feminismo marxista. En este marco fue donde nos encontramos con el libro de Lise Vogel, El marxismo y la opresión de la mujer. Aunque nuestro interés en su texto no era ampliamente compartido en nuestras filas militantes, y verdaderamente nos topamos con una abierta hostilidad, seguimos considerando a la visión de Vogel como una de las más sólidas en el desarrollo de una aproximación feminista marxista unificada. Aún más significativa, sin embargo, fue la forma en que el feminismo socialista logró ganar terreno dentro de los sindicatos tanto en la Canadá angloparlante como en Quebec. Los gremios de empleadxs de comercio y los bancarios fueron muy importantes a este respecto, así como también las huelgas de lxs enfermerxs y lxs trabajadorxs de los hospitales a lo largo de 1970. En Ontario, donde tenemos una presencia activa, una huelga llevada a cabo en 1978 mayoritariamente por las trabajadoras autopartistas se convirtió en un punto de encuentro para la izquierda. Al mismo tiempo, estalló una gran huelga de los mineros de niquel, en la que las mujeres, organizadas bajo la consigna 'Esposas en apoyo a la Huelga”, tuvieron un papel crítico y electrizante. A principios de 1980 esto fue continuado con una campaña en favor de la contratación de mujeres en la altamente sindicalizada industria metalúrgica. Esto significó que las cuestiones feministas generaron eco dentro de los gremios y dió credibilidad a las feministas socialistas que insistían en las interconexiones entre opresión de género y explotación de clase. Así se generó un contexto social y político en el cual un feminismo interesado en el trabajo y la experiencia de clase en toda su compleja diversidad pudo desarrollarse. Ciertamente vimos el ascenso de un feminismo con un discurso postestructuralista en estos lugares. Pero el feminismo político - económico continuaba vibrante, incluso en sus variantes marxistas y de la reproducción social. Dentro de las universidades, la mayor parte del trabajo teórico realizado encontró nicho en la revista Studies in Political Economy,  fundada a fines de 1970. Las feministas - Meg Luxton, Bonnie Forx, Wally Seccombe, y Pat y Hugh Armstrong entre otrxs - comenzaron exponiendo el sesgo masculino de la gran mayoría de los marcos teóricos de la economía política. Rescatando el trabajo pionero de Margaret Benston, lxs teóricxs feministas socialistas comenzaron a profundizar en las deficiencias en el debate sobre el trabajo doméstico. Mientras que, como sugirió Himani Bannerji, a menudo ellxs también caían en los errores del estructuralismo, y teorizaban descuidadamente acerca de las experiencias de las mujeres de color, no obstante lucharon por teorizar al género y a la clase en términos materialistas y unificados. Contra todas las posibilidades, fueron exitosxs para mantener el interés intelectual y social en la reproducción social durante 1980 y 1990 mientras que muchxs otrxs respondían al llamado de la sirena del postmodernismo.

PV: Cuál fue la influencia del pensamiento feminista marxista italiano en los círculos feministas marxistas de Canadá? Mariarosa Dalla Costa y Silvia Federici, entre otrxs, han realizado contribuciones distintivas al desarrollo de la reproducción social como marco teórico. Además, su trabajo ha sido bastante influyente en los Estados Unidos. Existen conexiones directas con esta tradición? 

DM y SF: Mariarosa Dalla Costa es la única feminista marxista italiana de la que sabemos que ha sido influyente. Se formaron algunos pequeños colectivos de “Salarios para el Trabajo Doméstico”, inspirados en su trabajo, particularmente en Toronto, pero éstos permanecieron relativamente marginales y nunca constituyeron una alternativa seria a la aproximación feminista socialista en los sindicatos. Sindicalizar a las trabajadoras fue una idea de mucho más peso que la de organizarlas como trabajadoras domésticas. El trabajo de Dalla Costa fue considerado como parte del debate sobre trabajo doméstico, y como tal fue constructivamente criticado. Y hoy, el trabajo de Silvia Federici está siendo muy leído, aunque por estas partes es menos retomado por la corriente del trabajo doméstico remunerado,  y más por su profundización y reflexión sobre los temas de los cercamientos, acumulación primitiva, y los cuerpos de las mujeres.

PV: Para cerrar: sabemos que los análisis teóricos están siempre conectados a los movimientos sociales concretos ¿Cuáles fueron las luchas que lxs motivaron a investigar la reproducción social y la formación de la clase en el pasado reciente y en el presente? Hay alguna experiencia específica que puedan mencionar?

DM y SF: Parte de nuestra experiencia simplemente tiene que ver con las maneras complejas en que la izquierda de 1970 y 1980 luchó en la práctica y en la teoría para integrar la clase y el género. Particularmente importante para ambxs fue nuestro involucramiento en la militancia por el derecho a decidir en Ontario hacia mediados y finales de la década del 80. La participación en este movimiento realmente pone en primer plano cuánta resistencia han opuesto las sociedades capitalistas a la libertad reproductiva de las mujeres. Y esto siembra todo tipo de preguntas teóricas y estratégicas en las que ambxs hemos estado interesadxs. Pero especialmente desde mediados de 1990, cuando empezamos a trabajar políticamente en un entorno marxista menos dogmático (especialmente en la cadena New Socialist), sentimos la ferviente necesidad de luchar mucho más seriamente con la raza y racialización - y en última instancia con la sexualidad y la habilidad - como dimensiones constitutivas de la clase y el género. Nuestro apoyo a los movimientos antiracistas y migrantes fue ciertamente una parte importante de esta historia. Y nos encontramos insatisfechxs solo con decir que los ejes de múltiples opresiones se “intersectan” en la sociedad capitalista moderna. 

Mientras que la teoría de la interseccionalidad planteó cuestiones relevantes, y generó perspectivas importantes, tiende a resquebrajarse al explicar por qué estas múltiples opresiones existen y se reproducen a lo largo del capitalismo tardío, y deja sin responder el modo en que dichas interacciones suceden. Debido a que su aproximación es holista y totalizadora, la teoría de la reproducción social está, según entendemos, potencialmente mejor equipada en estas áreas. Pero esto requiere mucho trabajo, y un compromiso real para aprender de la mejor teoría y práctica antiracista y anticolonial, en pos de superar algunas limitaciones significativas de la temprana teoría de la reproducción social. Enfatizando en la organización espacial de la reproducción capitalista y de la clase obrera, Sue ha intentado tomar este desafío en un par de ensayos en los que muestra cómo los espacios del capitalismo están siempre racializados y colonizados. Y nuestro artículo conjunto publicado en el último número de Socialist Register representa un esfuerzo de llevar esto un poco más lejos de las fronteras de los estados-nación con el objetivo de estudiar la reproducción de la clase trabajadora como un fenómeno global en el que la migración es una característica fundamental. Creemos que este es un período especialmente excitante y desafiante para trabajar estas áreas desde el materialismo dialéctico. Y el ritmo de las luchas sociales actuales pareciera incentivar dichos trabajos por muchos años más.    


*Sue Ferguson es Profesora Asistente en el Programa de Periodismo en la Universidad Wilfrid Laurier, Brantford Campus. Su trabajo previo sobre teorías feministas y política explora los desarrollos de la reproducción social en el contexto canadiense. Actualmente sus intereses de investigación incluyen el estudio desde esa perspectiva de los medios de comunicación y la cultura infantil. 

*David McNally enseña ciencias políticas en la Universidad York de Toronto y apoya activamente numerosos movimientos por la justicia social en esa ciudad. 

______________


1. http://viewpointmag.com/2015/10/31/social-reproduction-beyond-intersectionality-an-interview-with-sue-ferguson-and-david-mcnally/

2. http://socialistregister.com/index.php/srv/article/view/22092#.VbkW7PlViko

3. http://scholars.wlu.ca/cgi/viewcontent.cgi?article=1003&context=brantford_jn
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