Avanza la derecha ¡Organicemos la resistencia!
El recibimiento enfervorizado de la Sociedad Rural a Macri en su exposición anual exhibió el núcleo del apoyo al gobierno. Dejó en claro que el gobierno de Cambiemos busca dar respuesta al estancamiento económico con un modelo de ajuste y mayor subordinación al mercado mundial. Un modelo que favorezca la acumulación de capital en los sectores que tienen una fuente de competitividad gracias al aprovechamiento de los bienes comunes en forma privada.
Cuánto consenso construya esta nueva -o renovada- derecha y cuánta represión aplique, depende de la correlación de fuerzas que construyamos en la lucha.
Primero los honores de Estado al presidente yanqui en nuestro 24 de marzo y la visita de otros presidentes de países imperialistas, así como de presidentes proimperialistas como Peña Nieto, mostraron gravemente el realineamiento internacional de nuestro país, mal que nos pese.
Pero debemos enfatizar que este realineamiento no es una mera entrega a designios ajenos, ya que importantes sectores de la burguesía argentina concentrada “realmente existente” están siendo protagonistas de este proceso y no meras víctimas subordinadas al imperio. En todo caso esa burguesía argentina decide entregar una parte del país, pero notemos que es un sujeto político con su propia determinación.
Ante la feroz iniciativa de la burguesía concentrada, los sectores populares venimos dando respuesta, resistiendo palmo a palmo. Esta resistencia viene obteniendo resultados dispares, pero no es menor que en el curso de estas luchas vamos construyendo un mayor poder desde abajo, con menor tutelaje y una creciente unidad de acción.
Reconfiguración del bloque de poder dominante
La llegada de Cambiemos al Ejecutivo implica dar un paso en el cierre de “la grieta” dentro del Estado. Las recurrentes disputas dadas por el kirchnerismo en torno a espacios estatales se apoyaban en la fuerza social policlasista que supieron construir. Esas disputas se explican en parte por un contenido demasiado progresista para el paladar gorila de buena parte de nuestra burguesìa y capas medias. También por la distribución de parte de la renta de la tierra al resto de la economía. Y al mismo tiempo, “paradójicamente”, a esta altura quedan pocas dudas de que las críticas anticorrupción de la derecha tenían un grave sustento material.
Ahora bien, la dureza de aquellas disputas tuvieron como un eje clave que la derecha olió el rearme del odiado bloque de poder “nacional y popular”. Pero hay que enfatizar que la derrota electoral de este bloque estuvo precedida por un prolongado “ir a menos” de este bloque, que pasó de amenazar con profundizar el populismo a una extendida “sintonía fina”, una sucesiva renegociación a la baja de los términos de la dependencia. El hecho de que Cambiemos exprese un agravamiento en toda la línea de la dependencia no modifica lo anterior.
Buena parte del capital concentrado vio entonces la oportunidad de retomar el control directo de todos las instituciones del Estado, Cambiemos mediante. El gobierno de los CEOs y de las ONGs (como intelectuales orgánicos del neoliberalismo, que acaudillan en este caso a una fracción importante de sectores medios) es un resultado de lo anterior. Pero señalemos que este es un punto de partida para la restauración del pleno control estatal (que en última instancia no puede ser sustentable en el tiempo sin una recomposición hegemónica neoliberal) y no la restauración ya realizada.
La gobernabilidad capitalista que ofreció el kirchnerismo tenía el precio que marcamos más arriba, lo cual expresaba una serie de mediaciones que le daban cierta legitimidad popular al modelo y al sistema. Recién comenzamos a ver cuánto de esas mediaciones serán desmontadas y qué efecto tendrá ello.
Neoliberalismo recargado
Ante la caída de los precios de los bienes primarios que exportamos (y de la renta agraria resultante) los sectores de la burguesía agraria competitiva han decidido apostar fuertemente al retorno de su alianza subordinada al imperialismo yanqui y europeo, promoviendo un neoliberalismo recargado. La eliminación de las retenciones a las exportaciones, la apertura importadora y la libre movilidad del capital, favorecen una vigencia acentuada de la ley del valor en nuestro país, lo cual lleva a la quiebra a todas las industrias locales que no gocen de una protección especial ante la mayor productividad de industrias extranjeras. El alza en las tasas de interés y el aumento en las tarifas refuerzan ese quebranto. En el caso de los sectores productivos que no exportan, el desplome del mercado interno cierra el círculo.
A esta altura diversas consultoras cuantifican la transferencia de recursos hacia el sector del capital más concentrado en unos 30.000 millones de dólares, surgidos de la pérdida del poder adquisitivo de lxs trabajadorxs de más de un 10% en estos ocho meses, así como del reendeudamiento del Estado y el incremento del déficit fiscal.
En este contexto lxs trabajadorxs nos vemos objetivamente en competencia unxs contra otrxs. Los empresarios industriales nos chantajean que si no aceptamos un aumento de la explotación, ellos cerrarán las fábricas (y quienes puedan se mudarán a otro país).
Y el amplio “campo popular”
En este escenario hay una necesidad popular compartida de resistir la ofensiva macrista en lo inmediato. Pero es claro que la lucha salarial y contra los tarifazos pueden apenas atenuar el ajuste. La sombra de un nuevo ciclo de quiebra de industrias y alza de la desocupación hace también urgente construir una alternativa política.
Hay entonces una necesidad en dos tiempos. La unidad de acción anti ajuste puede abarcar en algunos casos a amplios sectores populares, incluso a sectores no competitivos de la burguesía como vimos en los ruidazos/cacerolazos. Esta unidad reivindicativa no borra por supuesto intereses antagónicos en la relación capital-trabajo. Por ello mismo se delinean dos grandes vías en la construcción de una alternativa política: el “vamos a volver” de una alianza policlasista “nacional y popular” (con el agravante de que no se ve mayor autocrítica de su derrota) o una alternativa independiente de lxs trabajadorxs.
Sin duda ambos objetivos están entrelazados, tanto para el kirchnerismo como para los sectores que apostamos a un camino independiente.
En el caso del kirchnerismo, en estos meses estamos viendo cómo una parte sustancial de lo que fue el Frente Para la Victoria se ofrece -encima a bajo precio- como pata auxiliar de la gobernabilidad neoliberal. Una parte duda, desorientada, peleando tanto contra el ajuste como contra la izquierda. Y otra parte, finalmente, sí impulsa la resistencia en forma más decidida y amplia. El papel ambiguo de Cristina juega sin duda un rol en este desdibujamiento de los K.
Desde la perspectiva de una salida de lxs trabajadorxs, creemos que hay que priorizar la construcción de la unidad antiajuste en forma amplia. En ese marco debemos promover una perspectiva de clase que no sea algo forzado y ultimatista, que no obture el movimiento real.
Las multisectoriales contra los tarifazos
Ya se ve parte de la burguesía “débil”, menos competitiva, más o menos kirchnerista, formando parte de movidas populares en resistencia a esa política. El caso más notorio es el de las multisectoriales contra los tarifazos, en vistas a que los mismos perjudican tanto a lxs trabajadorxs como a la burguesía débil. Pero si bien esta iniciativa entroncaría con la propuesta de Frente Ciudadano de Cristina, por el momento las multisectoriales mantienen un carácter amplio, centrado en la lucha contra el ajuste y no centrado en el apoyo a Cristina 2019.
En la medida en que las tendencias de izquierda articulemos más seriamente podríamos comenzar a tomar la inciativa, planteando medidas más propositivas como lo sería una campaña por la estatización de la energía bajo control popular (propuesta válida a futuro para el transporte, salud, la educación, etc.). Pero ello requiere una construcción mucho más sólida que la actual.
La unidad de acción sindical
En este semestre ha habido una activa, aunque dispersa, resistencia al ajuste. Las luchas más duras han logrado desarrollar la unidad por abajo, más allá de banderías, enfoque que hemos impulsado por ejemplo desde quienes estamos en la corriente Rompiendo Cadenas, entre otros. La eficacia de las luchas dadas con esta perspectiva han dependido por cierto de la acumulación previa de fuera en cada territorio.
Pero en el plano de la unidad de clase de conjunto es claro que la pelota está en manos -por ahora-de las distintas fracciones de la dirigencia sindical tradicional, que prioriza el criterio de orden y de negociaciones por arriba. En este momento creemos que, cuando esa dirigencia llama a medidas de lucha, debemos fortalecer las mismas y delimitarnos en el marco de esa misma medida y no por fuera de ella.
En todo caso las distintas tendencias de izquierda debiéramos ser capaces de construir un efectivo encuentro obrero de masas por nosotrxs mismxs y con sectores combativos no necesariamente de izquierdas. En ese caso sí podríamos tomar una iniciativa de masas que pueda mover el amperímetro, quebrando el techo salarial, uniendo a permanentes con precarixs por el pase a planta, imponiendo condiciones de trabajo más dignas, para lo cual hay que construir poder en los lugares de trabajo (y para lo cual es indispensable fortalecer las corrientes político sindicales que venimos trabajando en esa línea).
Los derechos humanos, una lucha de todxs
En el campo cultural el gobierno de Cambiemos también intenta “volver el reloj atrás”. Son conscientes (hasta por una cuestión de piel e historia familiar) que la lucha por los derechos humanos estableció un piso relevante para lucha popular, un “Nunca Más” al Terrorismo de Estado que le pone límites al disciplinamiento obrero y social al que apunta este gobierno y el sector de clase al que representa.
La lucha por los derechos humanos de hoy es parte inescindible de la lucha de clases y es una pata fundamental para fortalecer a nuestra clase. Es claro que esta fortaleza es impensable sin reconocer una historia de lucha y dignidad por detrás.
El movimiento por los DDHH en nuestro país tiene vida y polémicas, y eso es bueno, las sostenemos y las seguiremos dando. Nos gustaría ver a Hebe retractándose de sus dichos sobre Julio López, de su abrazo con Milani, abriendo las cuentas del negocio de los “Sueños compartidos”. No dejaremos de decirlo. Pero ese camino lo recorreremos con todxs quienes pelean y peleen por los DDHH. Al gobierno de Macri que dice “que le parece que no le consta” que haya violaciones a los DDHH en México, que dice que en nuestro país hubo una guerra sucia (entre dos demonios) y que se pasa por el traste los DDHH de todo tipo hoy, lo enfrentamos y enfrentaremos “desde la vereda de enfrente”, con mucho orgullo.
