¡A combatir la precarización patriarcal de nuestras vidas!
A casi un mes para cumplir un año desde que inició su gestión, el gobierno macrista no dudó en hacer sentir el “Cambio” en nuestro país. Las severas reformas aplicadas desde principio de año en el estado repercutieron directamente en la clase trabajadora, y dentro de ella nos golpeó particularmente duro a las mujeres e identidades sexo genéricas disidentes. En este sentido, fuimos (y somos) les principales afectades de la ola de despidos, el desempleo y la precarización laboral. Pero el ajuste que estamos viviendo implica también una estrategia de desmantelamiento de programas y áreas sensibles a nivel social. No es casual que uno de los primeros afecta dos haya sido el Programa de Salud Sexual y Reproductiva de Nación, cuyo personal fue reducido sin posibilidad de responder a las necesidades de insumos y capacitación que se requieren para cubrir todo el territorio nacional. Asimismo, el presupuesto que maneja actualmente el Consejo de la Mujer es de 4 pesos por mujer, si se contabiliza el total de población femenina según el censo del 2010. Con estas políticas el gobierno de Cambiemos no encarna mayores derechos ni fortalecimiento de los adquiridos, sino aún más cotillón, recorte y marginación.
La profundización de la política represiva es un elemento necesario para garantizar la aplicación de estas medidas. Pensándolo en retrospectiva, los episodios vividos a lo largo del año se anunciaron ya con la represión sufrida en 2015, durante el gobierno kirchnerista, en el ENM en Mar del Plata, donde 60 mil mujeres fueron atacadas en un operativo conjunto con las fuerzas policiales locales, provinciales, nacionales y grupos de la derecha PRO. El mensaje fue claro: el avance del movimiento de mujeres debe ser controlado, esa es la tarea que el macrismo viene a profundizar.
Ante este objetivo, el nombramiento de Fabiana Túñez (referente de la ONG “Casa del Encuentro”) a la cabeza del Consejo de la Mujer puede leerse en dos sentidos. Por un lado, incorporar a una feminista ligada a una visión liberal y ONGista de la política reforzó la orientación de la política pública vía el “tercer sector”.
Por otro, incorporar justamente a una feminista del estilo de Túñez, que expresa un feminismo institucionalista, formal y “serio”, donde se refuerzan los estereotipos y la victimización de las mujeres ante la violencia sistémica patriarcal, en el que prima la “buena voluntad” y el conformismo por sobre la exigencia de un presupuesto adecuado para la implementación real de las legislación vigente, da cuenta de que existe una manera de ser una feminista que es aceptada, obediente, y políticamente correcta (aunque sea un oxímoron).
Esta avanzada derechista en lo institucional tiene su correlato en nuestras existencias, recrudeciendo las políticas de control sobre los cuerpos que cuestionamos y disputamos la hegemonía del heteropatriarcado a través de la criminalización y patologización de las travestis y trans. Crímenes de homolesbotransbiodio como los travesticidios de Diana Amancay Sacayán en Buenos Aires y Laura Moyano en Córdoba, y la persecución discriminatoria a las trans por parte lxs vecinxs y la policía en la ciudad de La Plata, son solo algunos de lamentablemente muchísimos ejemplos de que, si bien se ha avanzado en el reconocimiento legislativo de derechos de las mujeres e identidades disidentes, esto no se ha visto traducido en políticas públicas serias tendientes a construir respuestas reales ante las situaciones de violencias de género que se suceden cotidianamente.
Una prueba de esto es la reafirmación del macrismo en su compromiso contra el derecho al aborto legal, seguro y gratuito haciendo un guiño a la Iglesia (Macri pidió al cierre del Congreso Eucarístico defender la vida “desde la concepción hasta la muerte”), en continuidad con la política de la gestión kirchnerista. Un agravante a este respecto es el retroceso en materia de aplicación del protocolo de aborto no punible, empeorando la situación de todas las personas con capacidad gestante.
A este respecto, el caso de Belén, la chica tucumana que fue condenada a 8 años de prisión tras sufrir un aborto espontáneo, fue uno de los más importantes del año. Con una intención aleccionadora para el resto de nosotras, mostró a las claras el carácter patriarcal de las instituciones de salud pública y el sistema judicial.
Pero también nos demostró que juntas somos poderosas: luego de una lucha intensa en todos los puntos del país reclamando por la liberación de Belén, los movimientos de mujeres y feministas organizados, conseguimos su excarcelación. Así como logramos la visibilización y la necesidad de acciones para frenar los femicidios, a través de las movilizaciones masivas del 3 de junio y la exigencia de la aplicación de la Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres.
Asimismo, en pos de prefigurar y transformar la sociedad en la que vivimos, es necesario politizar
nuestras vidas privadas. La violencia machista no sólo se ejerce por medio del aparato del estado, sino que se retroalimenta a nivel social y vincular.
A través del empoderamiento colectivo de las mujeres, son cada vez más las denuncias y los escraches que salen a la luz sobre casos de acoso y violencia en el marco de ámbitos como los espacios de trabajo, los sindicatos y las organizaciones políticas. La revisión de nuestra praxis y el cuestionamiento de los privilegios de aquellas personas que los poseen por el hecho de ser varones-heterosexuales-blancos resulta fundamental para erradicar la violencia machista dentro de nuestras organizaciones y los espacios que habitamos.
Nos encontramos juntas y hermanadas...
En este escenario, los desafíos que se nos presentan a las organizaciones feministas y antipatriarcales son mayores. Ninguna conquista es para siempre (más aún en este contexto de resurgimiento de la fe católica) y la posibilidad de retroceder nos obliga a consolidar lo acumulado y conquistado. En esta clave se renueva año a año la importancia por la apuesta a Los Encuentros de Mujeres, que son una conquista colectiva que supimos conseguir y conservar hace ya 31 años.
Como espacio de concienciación y potenciación sorora, el espectro de “mujeres” que participamos del mismo es tan variado como inagotable. Y cada año cambia aún más.
Y esto nos lleva a hacernos ciertas preguntas necesarias para pensar (nos) estratégicamente nuestra militancia feminista disidente. ¿Por qué “Encuentro de Mujeres”? ¿Hay una sola mujer? ¿Qué significa ser mujer? ¿Por qué se reúnen (reunimos) a debatirlo?
¿Qué debatimos? ¿Con qué propósitos? Hay múltiples formas de nombrarse por fuera de la genitalidad que se porta.
Hay mujeres provenientes de diversos sectores sociales, con posibilidades de profesionalizarse distintas a las mujeres de sectores populares. Hacia el interior de cada una hay quienes afirman su lugar dentro de la maternidad y hay quienes lo rechazan. Hay quienes, autodesplazadas de sus lugares “naturales”, encuentran en los Encuentros a las otras, otrxs, iguales a ellxs. Y comienzan aparecer las equis, las arrobas, y las e, elementos que nacieron y crecieron en el seno de estos Encuentros de Mujeres.
Muchas de las consignas que hoy por hoy se cantan en algunas marchas, o que forman parte de la producción intelectual de algunas universidades, fueron construidas y pensadas desde los encuentros de mujeres. Desde las iniciativas por la patria potestad compartidas, pasando por la ley de cupos, hasta la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, libre, seguro y gratuito, se forjaron en cada taller y Encuentro.
En plenarias por fuera del horario de los talleres logramos allá por el 2005 poner en pie esta Campaña que viene luchando por la legalización y despenalización del aborto.
Esto es una clara demostración de cómo los Encuentros son todo lo contrario a lo que retrata la prensa conservadora. Son el espacio de organización que el movimiento de mujeres de Argentina encontró, y montó para darse las herramientas y tareas que son necesarias para cada etapa. Es a partir de estos espacios democráticos y horizontales donde aprendemos a debatir y confrontar, a proponer y construir, donde se pueden prefigurar nuevas formas de relaciones sociales, en donde se va desarmando el sistema capitalista y patriarcal que rige nuestras vidas.
Es nuestra tarea, levantar la bandera de la lucha antipatriarcal para desenmascarar las políticas estatales basadas en meros discursos efectistas e ir a la raíz de los problemas. Las demandas del movimiento de géneros son vastas, alcanzables muchas de ellas con la unidad entre las organizaciones sociales, políticas, diversas y feministas. Sabemos que debemos exigir al Estado, en la calle y con independenciapolítica, efectivas políticas públicas contra todo tipo de violencias hacia las mujeres, la implementación de las leyes que tanto utilizó discursivamente el kirchnerismo para hablar de su “década ganada”, el reconocimiento de los derechos de todas las identidades sexo genéricas y todas las reivindicacionesdemocráticas que consideramos necesario conquistar. Para esto no solo necesitamos de la unidad en la acción, sino también reconocer el enorme desafío de repensar nuestras organizaciones,nuestras prácticas militantes y las formas que reproducimos al momento de “hacer política”, hacia afuera y hacia adentro de nuestras organizaciones. Y en el camino, fortalecernos en la lucha también implica, construir nuevas relaciones sociales y sexuales, romper con estereotipos y mandatos que solo refuerzan prácticas de poder reproductoras de un sistema que no elegimos y que pretendemos destruir.
Es impostergable la tarea de construir una conciencia de clase, antipatriarcal y disidente, de asumir genuinamente nuestras definiciones programáticas y desarrollar una política que interpele al conjunto de la clase trabajadora, del pueblo y sus organizaciones sobre la importancia de una transformación social radical para resolver los problemas de la humanidad toda.
¡Otro año que te hacemos el encuentro!
¡Otro año que te copamos las calles!
¡Acá estamos las brujas que no pudiste quemar!
