En estos quince meses de gobierno, Macri y Cambiemos han gozado de expectativas favorables de una parte importante de los sectores populares, a pesar de su orientación netamente de ajuste Pro patronal e incluso Pro imperialista. A su vez buena parte del PJ, la CGT y los llamados movimientos sociales del Papa se pronunciaron abiertamente a favor de sostener la gobernabilidad capitalista, intentando levantarse el precio al ponerse como una pata necesaria de esa gobernabilidad.
Sin embargo, el ritmo “gradualista” del ajuste se encontró con el prolongamiento de la crisis mundial y el desplazamiento o al menos debilitamiento de los gobiernos neoliberales primermundistas con los que Macri buscaba la salida a la crisis, vía lluvia de inversiones. Una lluvia de inversiones que es claro no llegará si el bloque capitalista en el poder no logra un “shock explotador”, es decir una baja cualitativa de los costos laborales y un empeoramiento radical de todas nuestras condiciones de vida, que den sustento al tipo de competitividad que pretenden para garantizarse una tasa de ganancia superior a la media mundial.
La memoria popular sobre los resultados nefastos del plan económico de la dictadura, Menem y la Alianza están muy frescos y representan un piso para el nuevo ciclo de luchas que iniciamos. Son más polémicos y contradictorios, en cambio, los balances que se hacen sobre el kirchnerismo y los gobiernos de Perón.
Esto nos marca la necesidad popular de la unidad de acción entre corrientes y tradiciones muy heterogéneas presentes entre los y las trabajadoras y diversos sectores populares. El frente único en la lucha y para la victoria de las luchas reivindicativas es una necesidad objetiva para frenar en el corto plazo la degradación de nuestras condiciones de vida. Y debemos promover este frente único de clase con un debate amplio con todas las tradiciones presentes en el campo popular, en todos los niveles, que nos permita abordar desde la base de lleno la causa estructural de los problemas populares.
Debemos plantear desde ya el problema del poder, el problema de quién debe asumir la resolución de los problemas populares respecto a la educación, la salud, el trabajo, la cuestión de género, el ambiente, etc, etc.
La legitimidad del gobierno está cada vez más en cuestión, mientras no atina a cooptar o integrar al PJ, la CGT y los movimientos sociales del Papa con más recursos que los escasos que ya les dio el año pasado. Y tengamos en cuenta que estas fuerzas están midiendo a cada paso cuánto ganan y cuánto pierden con el apoyo a este gobierno. Si ven que su lugar de poder está en riesgo tampoco tendrán problemas en “sacarle el banquito” al gobierno.
Sin embargo no podemos subestimar que el poder concentrado del país tiene como plan A el respaldo a este gobierno y no va a renunciar a imponer su orientación sin grandes mediciones de fuerzas. Vamos entonces a grandes mediciones de fuerzas a lo largo de este año. Tenemos condiciones de plantarnos fuerte e ir por recomponer nuestro poder adquisitivo y sostener nuestros derechos humanos en todos los aspectos.
Debemos convencernos entonces de que podemos ganar luchas reivindicativas, si vamos en unidad desde la base. Y que conquistar posiciones es algo más que frenar el ajuste del gobierno. Es dar la batalla cultural y de poder para poner sobre la mesa como cuestión de masas que el kirchnerismo promovió un limitado (amén de no poco corrupto) proceso de redistribución del ingreso y de un también limitado avance en derechos. Que en definitiva no podemos cambiar las causas capitalistas de nuestros problemas con las melladas armas del capitalismo.
Conquistar posiciones e iniciar el contraataque popular es un proceso que iniciamos ya si generamos un ejercicio de poder crítico, colectivo, democrático desde la base para abordar este nuevo ciclo de luchas que se asoma promisorio en nuestro horizonte inmediato.
