Como el que se prende fuego andan los presos del miedo
de nada vale que corran si el incendio va con ellos
Macri tomó nota de la exigencia de los sectores más concentrados de poder: dar un salto en el ajuste sobre los sectores populares, como condición para un nuevo ciclo de acumulación de capital en nuestro país. Pero el ataque del gobierno va más allá de un mero ajuste: busca reafirmar el poder de la clase dominante y debilitar el poder de nuestra clase en todas sus dimensiones. Apuesta a profundizar la fragmentación de la clase, imponer el olvido de nuestra memoria de lucha, formentar la desorganización y la resignación frente a la flexibilización laboral y precarización de nuestras vidas...
Pero esta ofensiva encuentra una importante resistencia popular, que viene creciendo también en todas las dimensiones. Las luchas sindicales han estado marcadas por la exigencia ya no de un aumento salarial acorde a la inflación, sino por la recomposición del poder adquisitivo. Se hace cada vez más evidente que el ajuste que se pretende descargar sobre nuestros salarios es parte intrinseca del plan económico que plantea el gobierno, alimentando el rechazo y la resistencia a este modelo, expresado en el “clamor” de las bases por un paro general que lo enfrente.
En este marco, la paritaria docente se ha convertido en una lucha testigo, que a la par del reclamo salarial, se va politizando e ideologizando ante cada nuevo ataque del gobierno, con un desenlace abierto. Si la agrupación “Celeste” de CTERA no vuelve a defectuar como en años anteriores, hay condiciones para sostener la lucha y conquistar un aumento salarial superior al 25%. La experiencia histórica, y sus alineamientos políticos hacen prever que la Celeste no irá a fondo, a menos que logremos construir el poder suficiente por abajo para torcer ese derrotero y conquistar una recomposición efectiva, que además nos deje bien parados para futuras luchas. Hay condiciones para dar esa disputa.
Las condiciones favorables para la lucha popular se extienden también a otros sectores. El triunvirato piquetero (CTEP, CCC, BdP) tomó nota de que el gobierno no entregará un peso de los 30.000 millones firmados para que maneje el Consejo de Emergencia Económico Social, por lo cual intentó marcar la cancha, sin poner en cuestión la mentada “gobernabilidad”, con decenas de cortes simultáneos el 15 de marzo. Pero por el momento no consiguió más que una renovación del compromiso de diálogo de la ministra Carolina Stanley.
En cambio, diversas organizaciones de trabajadorxs precarizadxs que provienen del movimiento piquetero, encabezadas por el Frente de Organizaciones en Lucha (en COB La Brecha), decidieron encarar un audaz Acampe por tiempo indeterminado enfrente al Ministerio de Desarrollo Social en la 9 de julio. El nerviosismo gubernamental frente a estas medidas, fuera de los parametros de gobernabilidad pactados con otros sectores, permitió la conquista de todo el pliego de reivindicaciones de estas organizaciones, identificadas con el clasismo y la democracia de base.
Las elecciones presidenciales pasadas parecieron marcar la derechización del grueso de la sociedad, pero las reservas populares marcaban un piso de relieve. Ahora, la masividad de las últimas movilizaciones parece marcar una tendencia progresiva que choca abiertamente con la política del bloque de poder en el gobierno, que intensifica su ofensiva para quebrar la resistencia popular.
Sin duda nuestra principal tarea es enfrentar y derrotar el ajuste. Pero debemos desarrollar y ofrecer además una orientación de fondo al movimiento que devenga de este enfrentamiento, que no puede contentarse con retomar o fortalecer “lo mejor de la experiencia kirchnerista”, como plantea el kirchnerismo e incluso algunos sectores de la nueva izquierda, sino que debe plantearse, sin sectarismos, como una nueva izquierda con una praxis genuinamente anticapitalista, ecosocialista y antipatriarcal.
En ese sentido, promovemos la inserción y construcción de base de esta perspectiva, en articulación con distintas tendencias de la izquierda (como las multicolores en docentes y estatales, por ejemplo), así como promovemos también el desarrollo de la nueva izquierda anticapitalista en el marco de la arena electoral, impulsando la recientemente conformada Corriente de Izquierda por el Poder Popular (junto con el Frente Único Izquierda Revolucionaria-Hombre Nuevo, y Marcha Guevarista). Este último paso lo entendemos como parte del desafío aún mayor de articular con otras expresiones políticas de nuestro sector, como los Frente Popular Darío Santillán y el MULCS, en la perspectiva de construir una articulación político-electoral con el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, donde la nueva izquierda sea una voz visible para el masivo de la sociedad, impulsando una participación electoral subordinada a la perspectiva de construcción de poder popular, desde la independencia de clase, por el socialismo y el feminismo.
