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26 de junio de 2018

Acerca de la interpretación Legal


En el Código Penal en Argentina hasta hacer poco tiempo las agresiones sexuales se encuentran tipificadas en un capítulo titulado como “delitos contra el honor”, la vulneración separada de la integridad física por ejemplo en la que se enmarcan las lesiones, es contra el honor. En el caso español se encuadran en un apartado bajo el nombre de “Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales”, seguramente este nombre en principio se presenta como superador, al menos no habla del honor o no de una persona violada, sin embargo es interesante detenernos un momento en la cuestión de la indemnidad sexual. La palabra indemnidad en el diccionario de la Real Academia a española remite a indemne y allí se encuentra la siguiente definición: “libre o exento de daño”. Es decir la defensa, aun cuando se refiere también a la libertad, repara de manera explícita en aquello que está exento de daño. De hecho se ha analizado históricamente a nivel doctrinario la afectación del pudor o incluso la posibilidad de pervertir diferenciada en función de que la persona atacada haya mantenido o no relaciones sexuales con anterioridad. Creemos que esta ubicación legal puede servir como pista para pensar algo de la gravedad que otorga la sociedad a la violación, de algún modo no es una agresión física más porque atenta contra aquello sagrado, irrecuperable como es la sexualidad femenina. En este punto nuevamente Despentes:
“Las pocas veces –a menudo super pedo- que he querido hablar del tema, ¿acaso he dicho la palabra?. Nunca. Las pocas veces que he intentao contarlo, he esquivado la palabra <<violación>>: <<una agresión>>, <<un lío>>, <<un agarrón>>, <<una mierda>>, whatever… Mientrás no lleva su nombre la agresión pierde su especificidad, puede confundirse con otras agresiones, como que te roben, que te pille la policía, que te arresten o que te peguen una paliza. Esta estrategia de miopía resulta útil. Porque, desde el momento en que se llama a una violación, violación, todo el dispositivo de vigilancia de las mujeres se pone en marcha: ¿qué es lo que quieres?, ¿Qué todo el mundo te vea como a una mujer a la que eso le ha sucedido? Y de todos modos, ¿cómo es posible que hayas sobrevivido sin ser realmente una puta rematada? Una mujer que respeta su dignidad hubiera preferido que la mataran. Mi supervivencia, en sí misma, es una prueba que habla contra mí. El hecho de tener más miedo a la posibilidad de que te maten que a quedar traumatizada por los golpes de pelvis de tres cabrones, parecía algo monstruoso: yo nunca he oído hablar del tema, en ninguna parte. Gracias a mi condición de punki practicante podía vivir sin mi pureza de mujer decente. Porque es necesario quedar traumatizada después de una violación, hay una serie de marcas visibles que deben ser respetadas: tener miedo a los hombres, a la noche, a la autonomía, que no te gusten ni el sexo ni las bromas. Te lo repiten de todas las maneras posibles: es grave, es un crimen, los hombres que te aman, si se enteran, se van a volver loco de dolor y de rabia (la violación es también un diálogo privado a través del cual un hombre declara a los otros hombres “yo me follo a vuestras mujeres a lo bestia”) (Despentes, 2007: 35)
La autora habla explícitamente del carácter específico de la violación, el que puede invisibilizarse cuando es silenciado, incluso puede entenderse como una agresión a otros hombres. Una marca, un sufrimiento en el sentido más estricto del término, como portar una carga (de sub debajo y ferre llevar o carga, estar debajo de algo que se porta), que acompaña a quienes la han sufrido con un mandato de forma respecto de cómo llevarla, pero que también acompaña a modo de amenaza o de precaución a quienes son potenciales víctimas aun cuando no hayan sido violadas.

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