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26 de junio de 2018

El caso de La Manada, un análisis posible.


Los miembros de “la manada” se mandaban mensajes antes durante y después del ataque hablando de una violación, hay entonces una actividad premeditada, consciente y voluntaria. Sin embargo en el juicio alegaron que se había tratado de sexo consentido e incluso dicen que fue su idea la de tener “sexo en grupo”.
La víctima resultó cuestionada durante todo el proceso, no solamente por no haber hecho los que supuestamente hubieran sido los esfuerzos adecuados para evitar la agresión (o tal vez para demostrar su voluntad de evitarla como si esto fuera posible), sino que en los distintos medios españoles se hace hincapié sobre que supuestamente ella le había dado un beso a uno de los atacantes voluntariamente. Como dejando entrever que eso habilita, o al menos como si resultara atenuante de la violación colectiva a la que fue sometida después. Incluso se la señaló por no haber denunciado en un primer momento, por qué sentía “que les estaba jodiendo la vida a cuatro personas, que era mi culpa lo ocurrido (…)  que no tenía que separarse de su amigo ni tampoco hablar con desconocidos” . El patriarcado nos instruye en una forma de reacción y después descree de nosotras por eso mismo.
Nuevamente la violación, y la cultura de la violación, como una forma de organización social que distribuye roles, permisos, prohibiciones y cuidados entre mujeres y hombres sean o no estas violadas y sean o no estos violadores.
Rita Segato marca tres explicaciones posibles para una violación, en primer lugar “como castigo o venganza contra una mujer genérica que salió de su lugar, esto es, de su posición subordinada y ostensiblemente tutelada en un sistema de status. Y ese abandono de su lugar alude a mostrar los signos de una socialidad y una sexualidad gobernadas de manera autónoma o bien, simplemente, a encontrarse físicamente lejos de la protección activa de otro hombre”  (Segato, 2006: 31). La chica violada pensó que podía salir de fiesta, tomar unas copas, y volver sola a su casa. Las respuestas son claras, las mujeres no deberíamos salir solas, encontrarnos en determinados lugares por la noche o incluso utilizar determinadas ropas que puedan dar cuenta precisamente de una sexualidad gobernada de manera autónoma. En este caso, lo explícito de los videos, de los mensajes previos, de toda la situación, no permitió que quedaran completamente impunes. No aparece explícitamente el “es tu culpa” (tal vez porque ya han logrado interiorizarnoslo tanto que aparece en su cabeza directamente), pero sí “podrías tener más cuidado” “cuídate de esas cosas”. Pero en la misma línea Higui y las violaciones disciplinadoras a las lesbianas, y cada una de las formas disidentes de practicar nuestra sexualidad que no son toleradas por el sistema patriarcal.
En segundo lugar la autora habla de la violación como “una agresión o afrenta a otro hombre también genérico, cuyo poder es desafiado y su patrimonio usurpado mediante la apropiación de un cuerpo femenino o en un movimiento de restauración de un poder perdido para el” (Segato, 2006: 32). En este caso alude en particular a sociedades con fuertes niveles de exclusión o incluso a casos de guerra.
Finalmente se menciona que sea “una demostración de fuerza y virilidad ante una comunidad de pares, con el objetivo de garantizar o preservar un lugar entre ellos probándoles que uno tiene competencia sexual y fuerza física. Esto es característico de las violaciones cometidas por pandillas, por lo común de jóvenes y habitualmente las más crueles” (Segato 2006, 33). Y acá nuevamente “la manada”, las violaciones colectivas suelen aparecer en espacios de fiestas locales en el estado español, los chistes al respecto, las planificaciones, que van desde el “llevemos burundanga” al tristemente celebre “hoy follo mañana juicio” de los estudiantes de derecho del año pasado.
La cultura de la violación organiza nuestras vidas antes de un hecho violento, y dispone mandatos muy claros y estrictos para quienes han sido víctimas de violación (no así para los violadores llamativamente) respecto de cómo procesar ese dolor, como sufrirlo en términos de corrección, y cómo (o no) superarlo.
No es necesario que haya una sola explicación a la violación como práctica ejercida con una frecuencia preocupante y de alguna manera sancionada y visibilizada aun solo parcialmente. Seguramente este corolario de una forma de agresión física sexualizada sea un paso más en muchas micro violencias (en tanto cotidianas e invisibilizadas no en tanto irrelevantes) con contenido sexual en la que se estructuran las relaciones en un sistema patriarcal. Pero además de esto, tenga en cada caso una función reafirmadora de la virilidad y disciplinadora de la mujer o no lo cierto es que la sola amenaza de ese sufrimiento funciona disponiendo de las vidas y las acciones de hombres y mujeres. El caso de La Manada, es un ejemplo.

Inicio aquí El fallo de “La Manada”: ni excesos ni abusos: Cultura de la Violación

Referencias:

-Despentes, M. (2007) Teoría King Kong. Editorial Milusina. Disponible en
-Segato, R. (2013) La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en ciudad Juarez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado”. Tinta Limón ediciones. Buenos Aires.
-Segato, R. (2006) Estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Prometeo Libros.

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