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9 de agosto de 2018

Hasta cambiarlo todo

 Balance apurado sobre el rechazo al aborto legal





Si hay algo que quedó claro luego de la sesión en la cámara de senadores de Argentina, esa que debía votar a favor o en contra de la legalización del aborto, es la naturaleza del Estado, la naturaleza de la democracia burguesa y patriarcal. Frente a casi dos millones de personas rodeando el congreso, bajo la lluvia y el frío de un duro invierno con viento sur, con la expectativa de miles de feministas a lo largo y ancho del país y la mirada aguda de todo el mundo, a treinta y ocho funcionarios no les tembló la mano: después de exponer argumentos retrógrados, misóginos y faltos de sustento, dijeron que no. El aborto será ilegal en Argentina, pero seguirá existiendo. Todo un parlamento cargará con las muertas en sus espaldas.

Las limitaciones de la democracia burguesa han quedado expresadas en su máximo esplendor: unxs pocxs decidiendo por unas muchas. El basamento para decir que no, amparado en las propias convicciones de los senadores, nos arrastran a una condición monárquica de espectadoras con voto pero sin voz. Así funciona la democracia en nuestros países del sur global, los países que en el mapamundi del aborto están pintados de rojo. Y hay quien todavía se atreve a pedirnos que no nos enojemos con la Iglesia Católica*, ¿en serio nos dicen? La Iglesia Católica Apostólica Romana, cómplice en la dictadura cívico-militar-eclesiástica que se calló la boca cuando desaparecieron a nuestras compañeras que eran torturadas algunas estando embarazadas, pionera en la política de la clandestinidad de la apropiación de niñes, se puso a la cabeza de la campaña contra el aborto legal. Esta institución es igual de responsable que los partidos políticos que ayer nos negaron la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.Estamos enojadas, claro que sí, y queremos la separación inmediata de la Iglesia y el Estado.

Entonces, el descontento es claro, es tangible, es concreto. El debate sobre el aborto legal dividió aguas. Con una fuerza arrolladora, luego de un proceso largo de construcción de conciencia feminista, hemos construido una fuerza social que pone la cara, que se organiza, que mueve millones de personas para conquistar un derecho vital como el libre ejercicio de decidir sobre el propio cuerpo. Los costos políticos de esta decisión se pagaran no sólo en las urnas. Ahora, que conocemos las caras de quienes dijeron que no en la cámara de diputados y los que dijeron que no en la cámara de senadores; ahora es más claro que el asunto está en nuestras manos.

Esta decisión del estado argentino no sólo es clasista y patriarcal: es una decisión etárea. Casi el 80% de las dos cámaras son personas que ya no podrán procrear y que, en cada caso, han construido una vida reproductiva. Entonces, ¿a quiénes representan? A ellos mismos y a los sectores de la Iglesia católica y evangelista que sostiene que la vida sexual es sólo reproductiva, siendo la castidad la manera de (no) vivir la sexualidad. Y así con todo, asistimos a una subestimación muy profunda hacia la juventud que se organiza y, sobretodo, a este ¿nuevo? sujeto político que es el movimiento feminista y disidente; un movimiento edificado en los últimos treinta años. Porque así como no podemos negar que nuestras pioneras feministas vienen construyendo esta batalla desde hace alrededor de treinta años, tampoco podemos negar que la gran parte de la presencia en la calle está garantizada por jóvenes que quizás esta fue su primera experiencia organizativa. Una certeza nos cabe y es que este movimiento tiene recambio, sabe de la fuerza que tiene para conseguir los objetivos. Lo demostró durante las dos vigilias en las puertas del Congreso, en las plazas, frente a las catedrales de las ciudades más conservadoras del país. Una realidad se reveló a los ojos del mundo, no estamos solas en esto.

A este nuevo movimiento político y social que irrumpe en la agenda pública, en la calle y que disputa las conciencias más conservadoras de la sociedad, que incluso ha sido motor para el desarrollo de experiencias a lo largo de América Latina y el mundo, no le falta más que descansar para tomar impulso y volver a arremeter. Para nosotras, queda claro que no hay en las instituciones del Estado burgués y patriarcal ninguna semilla de cambio. No es “desde adentro”, porque no hay ningún adentro para las clases populares. Para nosotras hay y siempre habrá un afuera vigoroso que a fuerza de militancia se hace escuchar y se vuelve manada, que le queda claro más que nunca que los derecho no se mendigan sino que se arrancan. Que sólo con la unidad de acción en las calles se lograran alcanzar la legalización, como lo demostró la Campaña por el Aborto Legal y gratuito que supo ser la gran articuladora de sectores, y experiencias militantes con recorridos diversos que si fuera por las dirigencias nunca se hubieran unido. Entonces, hasta que el Estado se haga cargo de la salud de los cuerpos gestantes, tendremos la tarea de reforzar las redes, de construir por abajo lo que otros separan por arriba, de continuar garantizando abortos seguros y de fortalecer las estructuras alternativas que hemos construido a lo largo de todos estos años.

Este rechazo sólo retrasa lo inevitable. Las feministas de Argentina ya hemos ganado: ganamos la calle y la opinión pública. Hay una marea que no podrá frenarse con compuertas eclesiásticas ni barrotes morales, porque está dispuesta a romper todos los esquemas que nos atan a una vida de muerte. Para nosotras, que estamos acostumbradas a pelear, esta no es más que una batalla. Vendrán otras, nos multiplicaremos, hasta que sea ley. Porque, como dice una marica, esta es una batalla entre el viejo mundo y el nuevo mundo. Y nosotras, que la estamos disputando con uñas, glitter y dientes, no vamos a parar hasta que la libertad sea una realidad.

* La senadora Cristina Fernández de Kirchner sugirió, en su intervención, que “no nos enojemos con la Iglesia” y nos llamó a ser cautas. Le recordamos a la señora que, además de reivindicarse católica, durante sus ocho años de mandato se negó sistemáticamente a que éste proyecto sea tratado en el Congreso y por eso carga en sus espaldas con todas las muertas por abortos clandestinos entre 2007 y 2015. Nosotras tenemos memoria, así nos enseñaron las Madres y Abuelas.

Educación Sexual para Decidir,
Anticonceptivos para no Abortar
Aborto Legal, Seguro y Gratuito en cualquier lugar

No al Negocio del Aborto Clandestino
Basta de doble moral e Hipocresia.
Será Ley por que la Calle ya se pronunció



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26 de junio de 2018

El caso de La Manada, un análisis posible.


Los miembros de “la manada” se mandaban mensajes antes durante y después del ataque hablando de una violación, hay entonces una actividad premeditada, consciente y voluntaria. Sin embargo en el juicio alegaron que se había tratado de sexo consentido e incluso dicen que fue su idea la de tener “sexo en grupo”.
La víctima resultó cuestionada durante todo el proceso, no solamente por no haber hecho los que supuestamente hubieran sido los esfuerzos adecuados para evitar la agresión (o tal vez para demostrar su voluntad de evitarla como si esto fuera posible), sino que en los distintos medios españoles se hace hincapié sobre que supuestamente ella le había dado un beso a uno de los atacantes voluntariamente. Como dejando entrever que eso habilita, o al menos como si resultara atenuante de la violación colectiva a la que fue sometida después. Incluso se la señaló por no haber denunciado en un primer momento, por qué sentía “que les estaba jodiendo la vida a cuatro personas, que era mi culpa lo ocurrido (…)  que no tenía que separarse de su amigo ni tampoco hablar con desconocidos” . El patriarcado nos instruye en una forma de reacción y después descree de nosotras por eso mismo.
Nuevamente la violación, y la cultura de la violación, como una forma de organización social que distribuye roles, permisos, prohibiciones y cuidados entre mujeres y hombres sean o no estas violadas y sean o no estos violadores.
Rita Segato marca tres explicaciones posibles para una violación, en primer lugar “como castigo o venganza contra una mujer genérica que salió de su lugar, esto es, de su posición subordinada y ostensiblemente tutelada en un sistema de status. Y ese abandono de su lugar alude a mostrar los signos de una socialidad y una sexualidad gobernadas de manera autónoma o bien, simplemente, a encontrarse físicamente lejos de la protección activa de otro hombre”  (Segato, 2006: 31). La chica violada pensó que podía salir de fiesta, tomar unas copas, y volver sola a su casa. Las respuestas son claras, las mujeres no deberíamos salir solas, encontrarnos en determinados lugares por la noche o incluso utilizar determinadas ropas que puedan dar cuenta precisamente de una sexualidad gobernada de manera autónoma. En este caso, lo explícito de los videos, de los mensajes previos, de toda la situación, no permitió que quedaran completamente impunes. No aparece explícitamente el “es tu culpa” (tal vez porque ya han logrado interiorizarnoslo tanto que aparece en su cabeza directamente), pero sí “podrías tener más cuidado” “cuídate de esas cosas”. Pero en la misma línea Higui y las violaciones disciplinadoras a las lesbianas, y cada una de las formas disidentes de practicar nuestra sexualidad que no son toleradas por el sistema patriarcal.
En segundo lugar la autora habla de la violación como “una agresión o afrenta a otro hombre también genérico, cuyo poder es desafiado y su patrimonio usurpado mediante la apropiación de un cuerpo femenino o en un movimiento de restauración de un poder perdido para el” (Segato, 2006: 32). En este caso alude en particular a sociedades con fuertes niveles de exclusión o incluso a casos de guerra.
Finalmente se menciona que sea “una demostración de fuerza y virilidad ante una comunidad de pares, con el objetivo de garantizar o preservar un lugar entre ellos probándoles que uno tiene competencia sexual y fuerza física. Esto es característico de las violaciones cometidas por pandillas, por lo común de jóvenes y habitualmente las más crueles” (Segato 2006, 33). Y acá nuevamente “la manada”, las violaciones colectivas suelen aparecer en espacios de fiestas locales en el estado español, los chistes al respecto, las planificaciones, que van desde el “llevemos burundanga” al tristemente celebre “hoy follo mañana juicio” de los estudiantes de derecho del año pasado.
La cultura de la violación organiza nuestras vidas antes de un hecho violento, y dispone mandatos muy claros y estrictos para quienes han sido víctimas de violación (no así para los violadores llamativamente) respecto de cómo procesar ese dolor, como sufrirlo en términos de corrección, y cómo (o no) superarlo.
No es necesario que haya una sola explicación a la violación como práctica ejercida con una frecuencia preocupante y de alguna manera sancionada y visibilizada aun solo parcialmente. Seguramente este corolario de una forma de agresión física sexualizada sea un paso más en muchas micro violencias (en tanto cotidianas e invisibilizadas no en tanto irrelevantes) con contenido sexual en la que se estructuran las relaciones en un sistema patriarcal. Pero además de esto, tenga en cada caso una función reafirmadora de la virilidad y disciplinadora de la mujer o no lo cierto es que la sola amenaza de ese sufrimiento funciona disponiendo de las vidas y las acciones de hombres y mujeres. El caso de La Manada, es un ejemplo.

Inicio aquí El fallo de “La Manada”: ni excesos ni abusos: Cultura de la Violación

Referencias:

-Despentes, M. (2007) Teoría King Kong. Editorial Milusina. Disponible en
-Segato, R. (2013) La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en ciudad Juarez. Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado”. Tinta Limón ediciones. Buenos Aires.
-Segato, R. (2006) Estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos. Prometeo Libros.

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El caso de las cárceles en Brasil


Rita Segato realiza en las cárceles de Brasil entrevistas con detenidos condenados por violaciones cruentas, es decir violaciones que más allá de ser cometidas por una persona conocida o desconocida responde a algunas de las características propias de la violación estereotipada y que en principio resultaría absolutamente identificable. En estos casos explica que a estos detenido “no les resultaba del todo claro que estaban cometiendo un delito al momento de perpetrar” (2006, p. 28). La autora explica que este es el delito con menor representación cuantitativa entre los delitos de violencia sexual (2006:22), sin embargo es el más recurrente simbólicamente, y aún en estos casos los agresores no lo entienden como delito en el momento de cometerlo.
En este sentido es interesante recuperar lo que plantea Despentes en su libro Teoría King Kong sobre una violación sufrida por ella: “Mientras ocurre ellos hacen como si no supieran exactamente qué está pasando. Como llevamos minifalda, como tenemos una el pelo verde y la otra naranja, sin duda, «follamos como perras», así que la violación que se está cometiendo no es tal cosa. Como en la mayoría de las violaciones, imagino. Imagino que, después, ninguno de esos tres tipos se identifica como violador. Puesto que lo que han hecho es otra cosa. Tres con un fusil contra dos chicas a las que han pegado hasta hacerles sangrar: no es una violación. La prueba: si verdaderamente hubiéramos querido que no nos violaran, habríamos preferido morir, o habríamos conseguido matarlos. Desde el punto de vista de los agresores, se las arreglan para creer que si ellas sobreviven es que la cosa no les disgustaba tanto”. (2007:30).
Esto resulta interesante en un doble sentido, por un lado esta banalización de la violencia o incluso falta de conciencia que hemos mencionado con anterioridad, pero por el otro también por el mandato sobre la víctima que se construye para la violación y a posteriori. Para ser una víctima en todos los aspectos ellas debieron haber preferido morir, sino la cosa no les disgustaba tanto, o de hecho en otras palabras “un poco les gustaba”. Acá nuevamente puede verse los difusos límites de la agresión sexual, de algún modo todas las prácticas sexuales son vistas como agresivas o de supremacía del varón, entonces, el reverso de eso es que incluso las agresiones sexuales más explícitas, la violación, puede “gustar” a quién es víctima de eso; tanto como puede gustarle una práctica sexual libremente consentida.
Finalmente la cultura de la violación funciona como un ordenador de conductas a nivel social, quien fue violada debe demostrar permanentemente con las consecuencias que la agresión haya tenido sobre su subjetividad, que hubiera preferido morir. La contracara es que las mujeres deben vivir con miedo a ser violadas, esto genera y ordena toda una serie de actos en términos de “prevención” (siempre en relación al estereotipo de violador y no a violaciones ocurridas dentro del hogar en con otros parámetros), es decir vestir de un determinado modo, no caminar sola por algunos lugares o a algunas horas, no “ponerse en riesgo” lo cual termina nuevamente poniendo la responsabilidad del lado de la víctima (quien fue violada posiblemente se haya puesto en riesgo) y no del agresor. Es en este sentido que Segato se refiere a “crímenes de poder”, de confirmación de un sistema de ordenamiento de las relaciones vigente.

Continuar aquí El caso de La Manada, un análisis posible.

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El movimiento popular entre la integración y la resistencia


Desde la asunción de Macri, va creciendo un extendido rechazo de los sectores populares al Gobierno, sentando las bases para una creciente unidad de acción contra el mismo. Las heridas entre las distintas corrientes del campo popular van parchándose, mientras se profundiza una grieta con los sectores de la burocracia sindical que apuestan cada vez más a fondo por sostener a este Gobierno.

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